El invierno anunciaba sus últimos días, los rayos de sol deseaban asomarse pero se intimidaban ante el abismal frío que aún cubría la ciudad. Una linda chica caminaba por una solitaria calle, tan solitaria como su corazón. Cabello negro como el ébano, ojos verdes que hipnotizan y una sonrisa que enamora. Todos la veían al pasar, pero nadie se percataba de su existencia. Amigos iban y venían, pero nadie permanecía allí, para tomarla de la mano, acariciarla, besarla y demás cosas que hacen las personas que están enamoradas.

Hasta que un día de primavera conoció a su chico α. Ellos dicen que fue amor a primera vista, para mí después de unas cuantas cubas ya no se considera amor a primera vista. Así es como nació una historia de amor. Su chico α le cantó al oído, recitó todos aquellos versos y sentimientos que habían permanecido en él durante tanto tiempo esperando el momento en que su musa los liberase, en que lo liberase. El tiempo pasó, y se convirtió en cómplice de su amor. El noviazgo se consumó.

Cada instante que la chica pasaba sin su amado se le antojaba una eternidad y una eternidad a su lado le sabía a un instante. Es difícil describir con palabras lo que dos corazones enamorados pueden sentir.

Sin embargo, esta historia no termina ahí, con el noviazgo llegaron otros problemas. Estos problemas tenían nombre y una rosa en la mano, ¡Querían conquistar a nuestra dulce enamorada! Entonces, monté en cólera, no entendía por qué cuando mi novia estaba soltera nadie la pretendía y ahora que había logrado conquistarla todos querían una pizca de su amor. Cof, cof, digo el chico y la chica α, cof, cof.

Ya sé, soy pésimo mintiendo y tratando de encubrir mis conflictos sentimentales por más de 4 párrafos. Les pido una disculpa si ya se habían encariñado con los chicos α y esperaban vivir algún día un amor tan lindo como el de ellos, yo también lo sigo esperando.

Una vez borradas las lágrimas sobre mi computadora, puedo decirles sobre que va este texto. La pregunta que trataré de responder a continuación es la siguiente: ¿Por qué cuándo estamos solteros nadie nos pela y al estar en una relación, las personas se interesan más en nosotros?

La explicación que la mayoría de nosotros hemos oído sobre este fenómeno trata sobre la química del amor: al estar enamorados, nuestro cerebro produce sustancias químicas que hacen que elevemos nuestra autoestima, nos sintamos más eufóricos, animados y de mejor humor. La dopamina, o droga del amor, provoca que estemos más alegres, y es este yo más alegre el que enamora a más personas. Para los químicos, biólogos y demás científicos éste sería un argumento suficiente para explicar este tipo de conductas, inclusive para mí, si es que no fuera economista.

Estaba sentado en mi sillón de pensar sobre qué podría causar tal comportamiento, hasta que di con una idea un tanto radical, pero interesante. Me levanté, salí a la calle y comencé a correr en círculos. ¡La chica α es un bien Giffen!

Mi razonamiento era el siguiente: Al estar soltera la chica α, el precio que una persona tenía que pagar por estar con ella era bajo en comparación con el que tendría que pagar esa misma persona cuando ella estuviera en una relación, pues tendría que invertir más tiempo, dinero y esfuerzo en llegar a su cotizado corazón. Ante un aumento en el precio de un bien, lo que la gran mayoría de las veces se observa es una disminución en la cantidad demandada; no obstante, cuando el bien en cuestión es el amor de esta chica, no se preserva la Ley de la Demanda, al contrario, ante incrementos en el costo de ser amada, la cantidad que se demanda de este servicio aumenta.

Para cuando pude calmarme y pensar con mayor claridad, recordé que no hay mucha evidencia empírica que sustente la existencia de bienes con elasticidad precio positiva, tan sólo unas papas durante la hambruna irlandesa en el siglo XIX. Lo cual enfrentaba mi argumento ante dos caminos: acaba de descubrir uno de los escasos ejemplos para los bienes Giffen, o debía buscar otra idea. Opté por la segunda opción, no me fascinó eso de comparar a la chica α con todo y sus ojos verdes con unas papas.

Tal vez la respuesta no fueran papas, sino papas presentes y no futuras. Voy a explicarme, otra posible solución es que todos los pretendientes de la chica α tuvieran un factor de descuento intertemporal (β) cercano a cero; en otras palabras, los pretendientes de la chica α, que de ahora en adelante llamaré chicos β, exclusivamente reciben utilidad por el consumo presente, esperarse y consumir mañana les genera nula satisfacción.

Un chico β tendría dos opciones: ver cómo pasa el tiempo y en un futuro bajarle al chico α a su novia con lo cual no tendría beneficio alguno, o bien, conquistarla hoy y tener el calor de sus brazos rodeando su cuerpo hoy, lo que le daría mucha satisfacción.

El problema consiste en cómo se puede argumentar que todos los chicos β tienen una tasa de descuento intertemporal que tiende a infinito, habría que hacer estudios psicológicos y mil cosas de las cuales no tengo la más mínima noción, así que expondré una última propuesta.

Después de pensar mucho, no se me ocurrió nada, así que seguí pensando otro rato. Tanto esfuerzo mental me dio mucha hambre, decidí ir al mercado a comprar bananas, sí bananas, porque me sentía como un mono.

Compré mis bananas, y al pagarle al señor del puesto me dijo: “No mano, yo que tú, me llevaría otro racimo de plátanos, yo creo que van a subir de precio”. Fue así como comenzó una bonita amistad con el señor del mercado. Ah, y también como se me ocurrió la mejor explicación que pude haber encontrado al problema de la chica α

Para esta explicación sólo necesito hacer dos supuestos: que el chico β sea adverso al riesgo y que él piense que la pareja cada vez se va a querer más. Como antes, el chico β tiene dos opciones: conquistar hoy a la chica α o hacerlo mañana. Dadas las anteriores hipótesis, sabemos el chico β elegirá bajarle la novia hoy. Pero, ¿por qué?

Primero, el chico β es adverso al riesgo, es decir, elegirá un bien seguro en lugar de entrar a una lotería, a pesar de que ésta tenga la misma esperanza que el bien cierto. Prefiere tener un poco de chica α hoy, que esperar a mañana, puede ser que en un futuro la pareja se case, la chica α muera, se vuelva lesbiana, se quede soltera, se vuelva la súper modelo; que sé yo, pueden pasar n número de situaciones.

Segundo, el chico β cree que la pareja cada vez se va a querer más. Es más fácil bajarle la novia ahora que llevan poco tiempo de relación que en un futuro, después de que han visto mil amaneceres y han hecho hot cakes juntos.

¿Y dónde entran los plátanos? No, no es albur. Espero que ya lo hayan adivinado, pero de igual manera, se los voy a decir. El señor del mercado prefiere comprar plátanos hoy porque espera que mañana sean más caros. Exactamente lo mismo pasa con el chico β, sólo cambien señor del mercado por chico β y plátanos por chica α. Dado que el chico β cree que la pareja cada vez se va a querer más, espera que el precio de estar con ella sea cada vez más alto, cada momento que deje transcurrir implicará que si quiere conquistar a la chica α debe esforzarse más, invertir más tiempo y dinero.

El mismo ejercicio podría establecerse si el chico β fuera amante al riesgo y pensara que el noviazgo está destinado a la ruina. Se los dejo de tarea para ver si entendieron.

Antes de cerrar este ensayo, quiero remarcar el factor fundamental que juegan las expectativas en este modelo: las expectativas son algo que nosotros creamos en nuestra cabecita, depende de lo que percibamos sobre la pareja, puede ser que alguien piense que el noviazgo de los chicos α va en picada y otra persona que crea que van a vivir muy felices por siempre. Depende de la persona.

Después de casi mil quinientas palabras no puedo pensar en otra mejor conclusión que la siguiente: “Si eres un forever alone, consigue pareja y haz aparentar que se aman, entonces tendrás muchas más mujeres/hombres de lo que jamás hubieras imaginado”.