ay muchas puertas para ir a Fantasia, muchacho.
Y hay todavía más libros mágicos.
Muchos no se dan cuenta.
Todo depende de quién coge uno de esos libros.
(Michael Ende, La Historia Interminable)

 

Por ahí dice un buen dicho popular “el que busca encuentra”, sin embargo, hay veces que no es tan sencillo como nos lo hacen saber. Para empezar, primero, tendríamos que establecer de la manera más clara posible, qué es lo que esperamos encontrar. Posteriormente, determinar varias alternativas de búsqueda, y finalmente introducirnos en este proceso de indagación, el cual será el camino que tendremos que recorrer para obtener lo que deseamos.

Hay muchas maneras de dar este consejo y cada quien hace saberlo de un modo original. Sin embargo, una forma muy peculiar se dio hace varios años, por ahí del siglo XVIII. Federico El Grande, rey de Prusia, al tener un verdadero amor por la música, tuvo la  fortuna de obtener nada más y nada menos que quince “piano-forte” Silbermann (nombre dado en honor a Gottfried Silbermann el mejor constructor de órganos de la Alemania de entonces), los cuales vinieron a suceder a los famosos clavecines. Federico El Grande, acostumbraba organizar dentro de su corte veladas de música y estaba totalmente entusiasmado con la idea de que el renombrado J. S. Bach le hiciera el gran honor de poder estrenar los fortepianos que se encontraban en su palacio.

Un buen día se reunieron y Bach le pidió al rey que le sugiriera un tema para una fuga que pudiera interpretar en el novedoso instrumento, para ejecutarla de inmediato y sin ninguna preparación. Al escuchar esto, Federico quedó realmente impresionado y solicitó escuchar una fuga a seis voces obligadas. Después de un tiempo, y ya regreso en Leipzig, Bach, continuó desarrollando el tema que le había ofrecido al Rey, llamando a esta obra final Musikalisches Opfer (Ofrenda Musical).

Para darnos una mínima idea de lo extraordinaria que fue la improvisación de Bach de una fuga a seis voces, sería semejante al hecho de jugar sesenta partidas de ajedrez y ganarlas todas, y por si ésto fuera poco … ¡ganarlas con los ojos cerrados! Imaginarse la improvisación de una fuga a ocho voces es algo realmente inaudito, extraordinario y admirable.

Pero aquí no termina lo interesante. Algo particularmente curioso es que la Ofrenda Musical está compuesta de diez cánones y sin embargo, Bach no dejó ninguno de ellos completamente escrito. Esto con el fin de que fueran concluidos de una manera muy peculiar. Las piezas en realidad eran acertijos dirigidos al rey de Prusia: si Federico El Grande quería escuchar la obra musical completa, entonces tendría que resolver los acertijos. Claramente tendría que basarse en terminadas reglas, ¿cierto?, veamos cuáles son las reglas de los cánones.

En principio, estos cánones son también llamados enigmas musicales. Pero antes de continuar, me gustaría dar una definición más estricta de lo que es un canon: “Composición de contrapunto en que sucesivamente van entrando las voces, repitiendo o imitando cada una el canto de la que le antecede”. Las voces que componen al canon se encuentran separadas por intervalos de tiempo, habitualmente guiadas por una voz principal seguida de las voces secundarias, llamadas acompañamiento o compases.

Hay varios procedimientos para la ejecución de cánones. El más básico es el circular, en el cual la repetición de voces ocurre dentro de un lapso de tiempo bien definido entre cada una de ellas. Evidentemente existen tipos más complicados de cánones (como los acertijos que hizo Bach para el rey). Lo atrayente de éstos últimos es que las voces del tema no solamente se escalonan con el tiempo como en los cánones circulares, sino también con el tono. Por ejemplo, la primera voz puede comenzar con el tema en do, y entonces la segunda, al entroncar con la primera después del lapso de rigor, canta ese mismo tema pero comenzando dos notas arriba, o sea en sol; si hay una tercera voz, ésta deberá entroncar con las otras dos, a su debido tiempo, comenzando cuatro notas arriba de donde comenzó la segunda, o sea en re, y así sucesivamente. Un grado más avanzado en cuanto a complejidad se presenta en el momento en el cual se hacen variaciones de la velocidad de una voz a otra; por ejemplo, cuando la segunda voz canta el doble de rápido (disminución) o el doble de lento (aumentación) que la voz inicial.

Se sabe que actualmente algunos de los cánones enigmáticos de Bach ya están resueltos y que los intérpretes únicamente necesitan dedicarse a ejecutar la obra sin la imperiosa necesidad de descubrir las incógnitas a partir del tema principal y de algunas notas en latín, que van relacionadas precisamente con estos enigmas.

En una de esas inscripciones, Canon in augmentatioem (la duración de las notas aumenta) Bach escribió al margen de la pieza lo siguiente: “Que así como se levanta la modulación, así se levante la gloria del Rey”.

Una muy interesante y alentadora es la siguiente: Quaerendo invenietis (“Buscando encontraréis”). En realidad, la Ofrenda Musical y los cánones son como la vida: diferentes intervalos, distintos tiempos, velocidades, voces, invertidas, de adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante. Todos buscamos algo: algunos la libertad, felicidad, paz, convertir sueños en realidad. Y al final no importa que tan difícil sea lo que queramos alcanzar, buscando encontraremos la manera de poder lograrlo.