No se nace mujer, se llega a serlo

Simone de Beauvoir

Los problemas económicos no deben de causar que se ignoren los problemas políticos ni sociales. Mucho menos en países en vías de desarrollo como México, en el que estos problemas son más acentuados por los altos niveles de pobreza, desigualdad y corrupción. Por ello, no puede pensarse que un país puede ser una gran potencia por el simple hecho de gozar de estabilidad financiera, estabilidad de precios y por tener finanzas públicas sanas. No mientras existan 52 millones de pobres, mientras México sea tan desigual económicamente, mientras el rezago educativo aún persista y mientras haya un exiguo crecimiento económico que impida garantizar un mayor empleo y deje de ser causante de tanta migración hacia Estados Unidos y hacia el sector informal.

Además, existe otro gran pendiente que aún debe resolverse: la equidad de género. Tema que traigo a colación con motivo del Día Internacional de la Mujer, celebrado el pasado 8 de marzo. El análisis de este tema es importante, pues de acuerdo con la ONU, 7 de cada 10 mujeres en el mundo manifiestan haber sufrido violencia física o sexual en algún momento de su vida y también porque hasta el 50% de las agresiones sexuales en el mundo se cometen contra niñas menores de 16 años.

No puede dejarse de lado que la igualdad de las mujeres y niñas es un derecho, su transgresión es una ofensa a la dignidad humana y que, en palabras de Lorena Cruz Sánchez, presidenta de INMUJERES, “los Estados tienen el deber de proteger, respetar y garantizar a todas las mujeres su derecho a la vida, la libertad, la seguridad y la integridad” (aquí).

No obstante, no deja de sorprender el hecho de que cuando se habla de violaciones y agresiones a la mujer se piensa como si fueran casos lejanos.  Que cuando se habla de “mundo” se está hablando de África o algún país árabe. O que cuando se habla de igualdad y dignidad hacia la mujer, se escucha como un discurso desgastado e incluso repetitivo. El problema es que muchas veces se olvida que las víctimas son también mujeres mexicanas y que ese discurso desgastado es el discurso de las autoridades que no se ha concretado cuando más se ha necesitado, mientras que las acciones de muchos no haN logrado reflejar esE cambio de comportamiento hacia las mujeres. El peor problema es cuando te acostumbras a vivir con violencia.

Por eso no vayamos lejos, tan sólo preguntemos qué ha pasado con el caso de las Muertas de Juárez. Por qué se necesitó que Amnistía Internacional tuviera que venir al país a “regañar” a las autoridades para que pusiera un alto a tantas muertes y desapariciones de niñas y jóvenes. O bien, ¿Qué ocurrió con el caso Ernestina Ascencio, mujer indígena aparentemente violada por militares y que no ha sido resuelto?. ¿Por qué aún existen estados de la República que se limitan a reconocer el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo privándolas del derecho al aborto?. Por tal motivo, causa sorpresa cuando Michel Bachelet, ex presidenta de Chile y hoy presidenta de ONU mujeres, felicita a México por los “avances en materia de igualdad” (acá).

A esto se suman algunos datos reveladores como la participación de la mujer en la actividad económica y la brecha salarial que aún existe entre hombres y mujeres. De acuerdo con el Gender Global Gap Report  y con un excelente análisis de Sandra Aguilar, publicado en Paradigmas, “las mujeres ganan en promedio menos de la mitad que los hombres, y participan en el mercado laborar formal 40% menos de lo que lo hacen los hombres”.

También, la importancia de integrar a las mujeres al mercado laboral adquiere un significado económico. Por un lado, ¿De qué podría servir estar invirtiendo en educación en las mujeres si al final no se está aprovechando su conocimiento y sus habilidades?. Por otro lado, Christine Legarde, presidenta del FMI, menciona que si Japón (país que no ha avanzado mucho en equidad de género) decidiese aumentar la participación laboral de las mujeres a niveles como los observados en países escandinavos, podría elevar permanentemente su ingreso per cápita en un 8 por ciento. Además, aumentando el ingreso de las mujeres aumentarían los niveles de educación, pues se ha demostrado que las mujeres gastan una mayor cantidad de su ingreso en el bienestar de los niños.

No puede decirse tampoco que el avance ha sido nulo. De acuerdo con Sandra Aguilar, se ha cerrado por completo la brecha de género en salud y se ha mejorado en materia de participación política, pues ahora las mujeres han pasado de un 11 a un 21% en puestos ministeriales. Otro caso positivo es la creación en 2007 del programa de Estancias Infantiles para Apoyar a Madres Trabajadoras. Dicho programa cubre 90% del costo del cuidado del niño o niña por debajo de los 4 años en guarderías infantiles. Esto para ayudar a aquellas madres de bajos recursos que se encuentran estudiando, trabajando o buscando trabajo, permitiéndoles tener trabajos más estables y de un mayor ingreso (ver aquí).

Si bien estos programas y avances son resultados positivos para el país, no pueden ocultarse las grandes desigualdades que aún están latentes. El lema de este año para el Día Internacional de la Mujer es “Una promesa es una promesa: Es hora de actuar para acabar con la violencia contra la mujer”. Esperemos que estas promesas podamos cumplirlas.