por Juan Carlos Mejía[1]

 

En el extraño y fascinante mundo de la teoría económica, durante los años 60,70 y 80 del siglo pasado, era común encontrar a una clase de economistas conocidos como ‘sraffianos’. Su aparición fue todo excepto un mar de tranquilidad, pues sus primeros pasos fueron encaminados a criticar a la teoría económica dominante, el marginalismo, debatiendo y poniendo en dificultades a varios de sus exponentes. Dicha crítica no era solamente un ejercicio de placer intelectual, sino también de ella se derivaba el intento de rehabilitar una forma de concebir a la economía que para entonces había desaparecido. En dicho debate encontraron aliados importantes, como los economistas poskeynesianos, kaleckianos y marxistas; sin embargo, en un par de décadas las diferencias entre ellos aparecieron, y la relación se enfrió, aunque sin llegar a la oposición. En esa situación, pasado su momento de mayor influencia intelectual, el panorama para la escuela sraffiana no era alentador, y fue así que llegó a los años 90, sin la fuerza de antaño pero todavía luchando, ¿Podrían sobrevivir al nuevo milenio?

Piero Sraffa, economista italiano, pasó gran parte de su vida en la Universidad de Cambridge Inglaterra, invitado por otro economista, John Maynard Keynes. A su llegada, el plan original era que se dedicara a la docencia y la publicación, pero la primera no era su actividad predilecta y su carácter perfeccionista no hacía de él un autor de abundantes publicaciones. Eventualmente le fue asignado un puesto en la Biblioteca Marshall, y una ocupación, con la edición de los Trabajos y Correspondencia de David Ricardo, quedando establecido en donde sería su hogar para el resto de su vida. Ahora bien, para el propósito de ésta historia, basta mencionar dos trabajos suyos, la introducción que hizo a la Obras de Ricardo, y su libro de 1960, ‘Producción de Mercancías por medio de Mercancías’ (PCMC por su título en inglés. Ambos escritos cumplieron una doble función, por un lado, rehabilitar el estudio de la economía en la línea de los economistas clásicos y por el otro, iniciar una crítica interna a la economía marginalista y su análisis simultáneo de precios y cantidades. Fue éste segundo objetivo el que más atención despertó en un inicio, dando lugar a los debates sobre la teoría del capital, a partir de la idea de que el capital está en función de la tasa de beneficio y por tanto no puede ser utilizado como argumento para definir la tasa de beneficio de largo plazo y pasando por discusiones más profundas como la reversión de técnicas (que una técnica sea preferida por los productores maximizadores a un cierto nivel de tasa de interés y vuelve a serlo a otro nivel, ésta reversión implicando problemas para la idea de una relación inversa entre precios y cantidades, y contradiciendo el concepto de sustituibilidad en la producción). Finalmente, la economía marginalista reconoció la crítica como válida y pasó a refugiarse en los modelos intertemporales (para conocer mejor los debates del capital basta leer la obra de Geoffrey Harcourt, o si se prefiere un trabajo en español, hay un texto que además de presentar éstos debates, también habla de dificultades en los modelos intertemporales, como falta de persistencia en los datos y problemática de estabilidad).

En lo que respecta al primer objetivo, rehabilitar el análisis clásico de la economía, los economistas sraffianos no fueron tan exitosos en llamar la atención de la ortodoxia económica. Además, quienes se aliaron con ellos en su ataque al marginalismo, como poskeynesianos, kaleckianos y marxistas, no mostraron el mismo entusiasmo al momento de la creación teórica en las líneas propuestas por los sraffianos, en parte porque en la economía sraffiana no es necesario modelar ex ante expectativas para un mundo de incertidumbre, porque la teoría de la preferencia por la liquidez es interpretada como un remanente de análisis marginal, o porque se desecha la teoría del valor trabajo. Sin embargo, la interacción con estas escuelas heterodoxas contribuyó a moldear a los economistas sraffianos y así se comenzaron a formar las tres principales vertientes que existen hoy en día, compartiendo un núcleo teórico, pero cada una con particularidades. Estas vertientes teóricas están representadas en el cuadro presentado a continuación, clasificadas de acuerdo a los economistas más representativos de cada una:

cuadro excedente

¿Qué ocurrió con éstas vertientes? ¿Realmente se encontraban débiles al final del siglo XX? La respuesta es no, y es que la historia con la que comenzamos este texto no está enteramente en lo correcto. Las décadas de los 80, y sobre todo los 90, tal vez vieron desaparecer al enfoque de Sraffa del ojo del debate, pero ello no implica que las distintas escuelas que hemos presentado se debilitaran, pues fue precisamente en dicho periodo que nuevos desarrollos teóricos ocurrieron.

Por ejemplo, en la escuela de Pierangelo Garegnani, mejor conocida como la escuela del enfoque del excedente, Massimo Pivetti y Carlo Panico desarrollaron cada uno, su propia teoría monetaria de la distribución. En lo que respecta a la teoría de la demanda de largo plazo, nombres como Franklin Serrano, Heinrich Bortis, Man Seop Park, Atilio Trezzini, Sergio Cesaratto, Antonella Palumbo no deben ser olvidados, así como tampoco el importante concepto del ‘supermultiplicador sraffiano’. Misma consideración debe de ser hecha para los trabajos de Roberto Ciccone y Aldo Barba sobre gasto y deuda pública o los trabajos sobre la relación entre los salarios, la inflación, histéresis y el desempleo de Antonella Stirati. También ocurrieron otros desarrollos, como el estudio de la producción conjunta por Bertram y Schefold, el análisis de la economía internacional por Ian Steedman y Sergio Parrinello, el retorno a la noción clásica de competencia por Alessandro Roncaglia, el acercamiento Sraffa-Keynes-Schumpeter por Heinz Kurz, el enfoque de crecimiento transformacional y el acercamiento con las teorías circuitistas por Edward Nell, las críticas al diseño de la Unión Europea por Massimo Pivetti.

La gran mayoría de estos aportes surgieron durante el periodo en que se creía que éstas escuelas estaban agonizantes, y si bien en algunos de dichos tópicos los mismos economistas sraffianos tienen disenso, esto ha sido algo positivo, pues lo han debatido entre sí y con sus antiguos aliados heterodoxos en años más recientes. Por ejemplo, en México en 2011 se realizó un Congreso Internacional con economistas del enfoque del excedente y un seminario donde este enfoque también tuvo una importante representación. Asimismo, en el otro extremo del mundo, en Roma en 2010 se llevaron a cabo una serie de conferencias por el 50 aniversario del libro PCMC de Sraffa, y posteriormente, en 2012, un taller para jóvenes investigadores dentro del enfoque del excedente. A éste último asistieron jóvenes economistas de países como México, Argentina, Brasil, Italia, Suiza, Alemania, España, Corea del Sur, Japón e India; finalmente hay que mencionar que el año pasado dos trabajos en internet mostraron las novedades bibliográficas dentro de la economía sraffiana, (aquí y acá).

Espero haber mostrado en este breve texto la relevancia actual de la escuela sraffiana y como puede ser un enfoque novedoso para el economista del siglo XXI.


[1] Estudiante de economía en la Facultad de Economía de la UNAM y miembro de un proyecto de investigación sobre democracia y política fiscal coordinado por los profesores José María Calderón de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y  Alfonso Vadillo Bello, profesor de la Facultad de Economía, ambas de la UNAM. Puede ser contactado en kucoenbu_jc90@hotmail.com