No es la primera vez que pasa (ha ocurrido en 17 ocasiones desde 1976, y el más largo fue el último, que duró 21 días). El cierre de gobierno en Estados Unidos en décadas recientes no ha sido atípico pero como llevaba dieciocho años sin ocurrir ha dado mucho de qué hablar. Sin embargo, este evento es un síntoma de un cierre mucho más de fondo: el del diálogo.

Aunque temas como la guerra contra el terrorismo y la crisis económica han acaparado la atención en otros momentos, el tema de la cobertura médica y de la deuda han sido motivos de confrontación constante desde hace ya muchos años entre partidos. De hecho, en los cierres de 1990, 1995 y 1995-96 el tema de la deuda fue fundamental, así como en las discusiones de 2011 que llevaron a Estados Unidos al borde del impago. Las diferencias persisten, y este año llevaron a una drástica reducción del presupuesto federal conocida como “sequester”.

En cuanto a la Ley de Salud (Affordable Care Act, popularmente denominada Obamacare), es bien conocida la aversión de los Republicanos y en especial de grupos conservadores a la misma. Desde que obtuvieron el control de la Cámara de Representantes en 2010 han votado más de 40 veces en contra de su implementación. Sin embargo, después de haber perdido la batalla judicial ante la Suprema Corte, y con el control de los Demócratas en el Senado y en la Casa Blanca, dicha ley sigue en pie y justamente algunos de sus puntos principales entraron en vigor el 1 de octubre. Esto ha llevado a los Republicanos de la Cámara a adoptar la estrategia de combinar ambos temas: ligar al presupuesto federal la eliminación o retraso de un año del Obamacare. Tomando en cuenta que dicha ley ha sido el principal logro político de Obama, la respuesta en el Senado y en la Casa Blanca ha sido negativa. De ahí que el proyecto de presupuesto haya ido de una cámara a otra con cambios sin alcanzar un acuerdo.

Lo peor de todo es que los indicios de querer buscar un lugar común han sido mínimos. Porque en última instancia ambas partes consideran como algo vital la (no) implementación de la ley de salud, lo que deja poco espacio para la negociación (ya no digamos el diálogo). Y medios y articulistas de diversas tendencias tampoco ayudan mucho. Ello ha contribuido a que haya una opinión pública dividida: 46% culparía a los Republicanos en tanto 36% a Obama y los Demócratas (16% atribuiría la culpa a ambos). La cuestión es ahora pensar en una salida, cosa que entre tanto encono, a nadie se la ha ocurrido seriamente buscar.

La fecha del cierre (como toda fecha límite) servía para generar presión para un acuerdo. Sin embargo, ahora que se ha llegado a la misma, y considerando que se trata de un cierre parcial (los servicios fundamentales seguirán operando) queda por ver hasta qué punto puede el cierre tener un efecto en las negociaciones. Hay cálculos del impacto que tendría en el PIB, pero tomando en cuenta que la culpa estaría dividida (aunque los Republicanos cargarían un poco más) es difícil calcular hasta qué punto estaría dispuesta a ceder una de las partes.

Un aspecto independiente pero que podría complicar más la situación en el contexto de polarización actual es el del techo de la deuda. Aproximadamente a mediados de octubre dicho tema deberá discutirse, y si para entonces no se ha resuelto el cierre, podría sumarse a la discusión. La cuestión es que a diferencia del cierre, las consecuencias del impago de la deuda tendrían efectos inmediatos en la economía mundial.

En todo caso, y más allá esta crisis política que no da visos de salida, lo más preocupante es la falta de diálogo. Escuchar a los Congresistas de uno y otro partido, leer las columnas de una y otra tendencia es ver dos realidades distintas, es ser testigo de un diálogo de sordos. Todos claman que representan a los ciudadanos, que lo hacen por el bien de ellos, pero nadie concede un milímetro en sus posturas, a sabiendas de que la otra parte las rechazará de inicio.

El cierre del gobierno es la última muestra de un proceso mucho más amplio de polarización. Por lo tanto, la pregunta de fondo, bajo la estructura de incentivos actuales y de pesos y contrapesos del gobierno, es si Estados Unidos (o cualquier país, para el caso) puede seguir funcionando cuando se llega al cierre del diálogo.