El motivo del presente ensayo es analizar la interrelación existente entre las actividades humanas y la dinámica de los ecosistemas a través de dos conceptos: Crecimiento Económico y Desarrollo Sustentable. Luego, se presentarán indicadores que cuantifican los daños al ambiente y el gasto para su protección como consecuencia de las actividades económicas. Posteriormente, se estudiará el contenido “verde” de las Reformas Energética y Hacendaria. Y, por último, se expondrá una propuesta para reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) al ambiente.

En primer lugar hay que delimitar nuestros conceptos: el Crecimiento Económico se entiende como el incremento en el Producto Interno Bruto de una nación en el tiempo, [1] es decir, en aumentar la cantidad y/o el valor de los bienes producidos en una economía.

Si bien existe un consenso sobre lo que significa el Crecimiento Económico, con respecto al Desarrollo Sustentable, el concepto no es tan claro. A pesar de ello, la definición más conocida es la de la Comisión de Brundtland (1987): “El Desarrollo Sustentable es aquel Desarrollo que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras.”

Una manera de entender el concepto de Desarrollo Sustentable se basa en mantener los medios que son necesarios para que la sociedad obtenga bienestar, de tal manera que las generaciones futuras se encuentren al menos tan bien como las presentes. Estos medios pueden entenderse en términos de capital, del cual se distinguen cuatro tipos:

  1. Capital físico: Es el capital con el que más estamos familiarizados los economistas; puede pensarse como fábricas, máquinas, herramientas, las cuales se deprecian y que, por consiguiente, necesitan de inversión para que su nivel no decaiga.
  2. Capital humano: Son las habilidades, capacidades y conocimientos que posee una persona, los cuales generan que su trabajo sea más productivo.
  3. Capital natural: Se refiere a todos los medios que provee la naturaleza, como recursos renovables, energía, aire limpio, agua potable. Los cuales también se deprecian por la erosión, el desgaste o el agotamiento generado por actividades humanas.
  4. Capital social: Hace mención a las características de una sociedad, tales como normas de conducta, interacciones de redes entre personas e instituciones, así como la confianza entre personas. [2]

El Crecimiento Económico no considera todas estas dimensiones. Por lo cual, cabe preguntarse qué buscamos como sociedad: ¿crecer, en el entendido de maximizar el nivel del PIB, o desarrollarnos de manera sustentable? La respuesta a esta pregunta definirá el rumbo de las políticas públicas a seguir, en otras palabras, una política que busque exclusivamente crecer será muy distinta a una que quiera, por ejemplo, mantener el stock de capital natural para las generaciones futuras.

Con respecto al tema del cuidado del medio ambiente, la situación en México es deplorable, de acuerdo al Producto Interno Neto Ecológico, el cual es un índice que realiza el INEGI resultante de restar al PIN los Costos por Agotamiento y la Degradación Ambiental.

En el año 2008, los Costos por Agotamiento y Degradación fueron de 960,513 millones de pesos, que representaron el 7.9% del PIB de dicho año. Este monto responde principalmente a dos factores: la degradación ambiental por contaminación atmosférica (598,142 mdp) y el costo por agotamiento de hidrocarburos (127,607 mdp). Por otra parte, los Gastos de Protección al Ambiente representaron la minúscula cantidad de 94,238 millones de pesos. Dicho monto representa el 9.81% de los Costos Totales por Agotamiento y Degradación Ambiental, es decir, ¡el gasto necesario para mantener el entorno ecológico debería ser más de 10 veces del que se registra! [3]

Si nos concentramos en la contaminación atmosférica, ésta ha aumentado con el crecimiento económico y el crecimiento demográfico: [4]

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En vista del problema que generan las emisiones de gases de efecto invernadero al ambiente (calentamiento global), en el 2012 se aprobó la Ley General de Cambio Climático, en la cual el país establece como meta la reducción de emisiones de GEI en 30% para 2020 y 50% para 2050, en relación a la línea base de emisiones del año 2000; objetivo que se vislumbra lejano si tomamos en cuenta que las emisiones de GEI de México, medidas en unidades de CO2, crecieron 40.3 % en el período 1990  a 2006. [5]

Ahora bien, en los últimos meses el Gobierno Federal ha estado llevando a cabo diversas Reformas, entre ellas, la Energética y la Hacendaria, a las cuales denominó como verdes, en el sentido de que proveían los incentivos para mejorar la calidad del ambiente. En las siguientes líneas analizaré el contenido ambiental de dichas reformas y cómo (si es que lo hacen) ayudarán a mejorar nuestro entorno ecológico, más específicamente, a reducir las emisiones de GEI para lograr la meta propuesta.

Por orden de aparición, comenzaré a examinar la Reforma Energética. Uno de sus ejes estratégicos se basa en la “Sustentabilidad y Protección del Medio Ambiente: Es posible mitigar los efectos negativos que la producción y el consumo de energías fósiles puedan tener sobre la salud y el medio ambiente, mediante la mayor disponibilidad de fuentes de energía más limpias.” [6]

La reforma busca la transición energética, pues uno de sus objetivos es la creación de un mercado competitivo de generación de energía, en el que se agregue la capacidad de energías renovables a gran escala. En pocas palabras, permitir la incorporación de energías limpias. Si bien es importante una mayor oferta de energías verdes, ello no necesariamente implica que vayan a disminuir las emisiones de GEI al ambiente. Me explico, si asumimos que las empresas sólo buscan maximizar el flujo de ganancias y que no internalizan las externalidades causadas por el uso de combustibles fósiles, entonces la decisión de qué tipo de energía utilizar (limpia o sucia) dependerá de la relación entre eficiencia y precio entre éstas; si las energías limpias son muy caras o muy poco eficientes, se preferirán las energías sucias. La aplicación de un subsidio a energías limpias proveería mayores incentivos para que se dé la transición energética.

Además, el punto central de la Reforma Energética fue la disminución en el precio del petróleo y del gas natural, lo cual aumentará la cantidad de cantidad intercambiada de estos bienes, generando así una mayor cantidad de emisiones de GEI al ambiente.

En lo concerniente a la Reforma Hacendaria, se propone un impuesto a los plaguicidas que, dadas las Leyes de Oferta y Demanda, redundará en una menor de éstos en el mercado y una disminución en las emisiones de contaminantes. No obstante, el peso del sector de la agricultura en el total de dispersión de GEI al ambiente es pequeño, apenas de un 6%. Sería más eficiente realizar políticas públicas que busquen atacar las emisiones desde otros sectores, como la generación de energía o el transporte.

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Otro de los puntos importantes de la Reforma Hacendaria en torno a la problemática ambiental es que continuará el alza en las gasolinas: 6 centavos mensuales para Magna y 8 para Premium, incrementos menores a los actuales. [7] El aumento en el precio de las gasolinas reducirá las emisiones vía transporte, el cual contribuye con un quinto de los GEI. Sin embargo, ¿es este aumento en el precio suficiente para combatir las externalidades generadas por la contaminación ambiental?

La tesis de Mariza Montes de Oca León (ganadora del primer lugar del Premio Banamex de Economía a nivel tesis de Licenciatura 2012) resuelve esta pregunta. “Un impuesto al consumo (de gasolinas) de $6 o $6.4 reduciría el consumo aún si el ingreso creciera como lo ha venido haciendo en los últimos años. Ello, además tendría un doble dividendo: reduciría las emisiones asociadas al consumo y con ello la externalidad local y global, pero además aumentaría la recaudación de la autoridad fiscal entre $180 y $186 millones de pesos en promedio anuales.” [8]

Antes de terminar este ensayo solo quiero destacar dos puntos. El primero es una recomendación de política pública: si buscamos un Desarrollo Sustentable, entonces debemos cambiar el rumbo de las prácticas ya, dejar pasar el tiempo tiene un costo; el Reporte Stern estima que si no se actúa, el costo general y los riesgos del cambio climático serán equivalentes a perder el 5% del PIB mundial por año. El segundo punto es una cita de Renihard Bütikofer, político alemán, “There is no such thing as a free lunch, and we are treating the environment as if it were, sol let´s put a price on emissions.”

 

Fuentes:

[1]. Aghion, Philippe y Peter Howitt. 2009. “The Economics of Growth”. MIT Press.

[2]. Hanley, Nick, Jason Shogren y Ben White. 2007. “Environmental Economics. In Theory and Practice”. Palgrave Macmillan. Segunda edición.

[3]. INEGI. Cuentas Económicas y Ecológicas. http://www.inegi.org.mx/inegi/contenidos/espanol/prensa/Boletines/Boletin/Comunicados/Especiales/2010/septiembre/comunica.pdf

[4]. INECC. Inventario Nacional de Emisiones.

http://www2.inecc.gob.mx/publicaciones/libros/685/inventario.pdf

[5]. Ley General de Cambio Climático.

http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGCC.pdf

[6]. Propuesta de Reforma Energética.

http://presidencia.gob.mx/reformaenergetica/#!landing

[7]. Iniciativa de Reforma Hacendaria.

http://reformahacendaria.gob.mx/

[8]. Montes de Oca León, Mariza. 2012. “Estimación de la Demanda de Gasolinas Magna y Premium, en el Corto y Largo Plazo usando Técnicas de Cointegración, para un análisis de Políticas de Subsidios y Cambio Climático o el Verdadero Costo de Decir Llénelo.” Tesis que para obtener el título de Licenciada en Economía.