Por Luis Felipe Munguía Corella[1]

En mi artículo anterior mostré evidencia empírica de que la productividad laboral ha crecido constantemente en la industria manufacturera mexicana, mientras que las remuneraciones se han estancado. Es por esto que decidí indagar qué está determinando el incremento de la brecha entre estas dos variables. En algunos estudios realizados a nivel internacional se ha encontrado que esta diferencia se explica por un incremento en las utilidades de las empresas, es decir, las ganancias suben y se pagan mayores dividendos a los accionistas.

¿Qué pasa en el caso mexicano? Exactamente lo mismo que sucede en el mundo: la utilidad crece en la misma proporción en que crece la brecha entre la productividad y las remuneraciones. Con datos del INEGI de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera es posible calcular los datos de utilidad por industria.[2] En la gráfica 1 se muestra la brecha entre productividad y remuneraciones (esto es, el producto por hora trabajada menos remuneraciones al trabajo, cuando esto es positivo el producto por hora trabajada está por arriba de las remuneraciones y viceversa).

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Como se observa, las utilidades prácticamente tienen la misma trayectoria que la brecha a partir de 2009, esto es, casi toda la diferencia está explicada por un incremento en las ganancias de las empresas. Este comportamiento está sumamente correlacionado y es estadísticamente significativo y positivo[3]. La correlación es consistente para 20 de las 22 industrias en las que se clasifican las manufacturas de México.

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Según estudios internacionales, una explicación de por qué las empresas han logrado capturar mayores ganancias y redistribuir menos a los trabajadores, es el declive del movimiento sindical y  reformas a las leyes laborales que se han enfocado en facilitar la contratación y el despido de los trabajadores, además de reducir los mecanismos de protección al trabajador. En el caso de México resulta evidente que el movimiento organizado de los trabajadores está en decadencia, a la par, con la reforma a la Ley Federal del trabajo en 2012, se facilitaron las condiciones de despido y se redujo la protección al trabajador. Es por esto, que decidí analizar la relación entre el activismo sindical y el incremento de la brecha entre productividad y salarios. Como variable de aproximación del activismo sindical, utilicé el número de huelgas estalladas por industria.[4] Esta información también está disponible en el Banco de Información Económica del INEGI.

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El número de huelgas estalladas ha caído en los últimos años (históricamente la caída es más impresionante[5]). Esta caída fue mencionada en el pasado informe de gobierno por el presidente Enrique Peña Nieto como si fuese algo deseable. Lo cierto es que el activismo sindical se ha reducido pero también se ha incrementado la distancia entre productividad y salario, es decir, hay menos huelgas y peores salarios.

Al hacer regresiones usé el número de huelgas como variable explicativa de la brecha, se observa que justamente, ante la caída del número de huelgas, la distancia entre la productividad y remuneraciones aumenta. Lamentablemente el número de huelgas no es comparable para todas las industrias ya que INEGI cambió el clasificador de las industrias manufactureras (de ramas de actividad económica al SCIAN). Pero para las industrias en las que es compatible, la relación prevalece. Es decir, en las industrias donde hay más huelgas la brecha es negativa o por lo menos, no se ha ampliado como en el resto de industrias.[6] Esto podría interpretarse como que las huelgas son una forma de resistencia a la caída de los salarios. Sin embargo, esta resistencia ha disminuido en los últimos años, en buena medida porque los líderes sindicales obedecen más a incentivos personales que a los intereses colectivos de sus representados. La mayor resistencia es coordinada por los sindicatos independientes[7].

¿Qué se debe hacer si se quiere redistribuir de manera más justa? Primero, creo que se deberían promover leyes que obliguen a las empresas industriales a pagar más a sus trabajadores, ya sea a través mayores salarios o con reparto de utilidades. Un buen ejemplo de una política pública encaminada a elevar el ingreso de los trabajadores es el incremento del salario mínimo. Si bien es cierto que en la industria mexicana pocos trabajadores ganan el mínimo, el salario mínimo también sirve como parámetro de negociación y puede coadyuvar a elevar también el salario medio de la industria. Además, a la luz de estos datos, un incremento generalizado en salarios no necesariamente debería provocar inflación, ya que las empresas generan suficientes utilidades para compartir con los trabajadores en forma de aumentos salariales (por lo menos en el sector industrial). Una subida en los precios reflejaría una resistencia de las empresas a renunciar a parte de sus  ganancias, aun cuando éstas mostraron un claro crecimiento en el pasado reciente.

Segundo, se debería reformar nuevamente la Ley Federal del Trabajo, pero esta vez, enfocándose en las organizaciones sindicales. Es urgente promover un sindicalismo más democrático en México, es decir, que los trabajadores tengan mecanismos efectivos para elegir a sus representantes y removerlos cuando éstos no representen sus intereses. También se debe modificar “la toma de nota” de los sindicatos, ya que esto sólo ha beneficiado al sindicalismo corporativista que ha privilegiado a sus líderes y a las campañas políticas. El mecanismo de registro de los sindicatos tiene que estar bien definido y no debe necesitar la aprobación del gobierno en turno para su funcionamiento, sino cumplir con los requisitos de transparencia y elecciones libres de sus representantes. Con leyes que promuevan un sindicalismo más democrático, los trabajadores se podrán organizar mejor, tendrán mejores mecanismos para saber en qué se gasta el dinero de sus cuotas, y, a diferencia de hoy día, estarán en mejor posición de realmente representar a sus agremiados en las negociaciones de incrementos salariales.

 


[1] Maestro en Economía por el Colegio de México. Una versión previa de este artículo apareció en http://www.luismunguia.mx/

[2] El cálculo de la utilidad no es fácil y es susceptible a mejoras. INEGI reporta anualmente los datos de depreciación de capital y el gasto en insumos por rama industrial (clasificación SCIAN), los datos para ventas y remuneraciones (incluye reparto de utilidades) sí se presentan con frecuencia mensual. Para calcular las utilidades utilicé la siguiente fórmula: Utilidades = Ventas – Remuneraciones – Insumos – Depreciación de Capital. Una vez calculado esto, convertí de frecuencia anual a mensual utilizando un benchmarking de Denton (Ver https://www.imf.org/external/pubs/ft/wp/2012/wp12169.pdf) y posteriormente deflacté usando Índices de Precios al Productor correspondiente a cada industria.

[3] Las pruebas realizadas son regresiones donde la variable dependiente es la brecha y la variable explicativa son las utilidades. Hice regresiones con mínimos cuadros ordinarios, panel con efectos fijos, panel con efectos aleatorios y panel dinámico (con método de System GMM), transformé las variables a logaritmos, saqué con diferencias y rezagos, y además utilicé variables de control como número de huelgas. Los datos y el do file de Stata están a disponibilidad del lector.

[4] Otra forma de medirlo es calculando la tasa de sindicalización que, con datos a 2008, estaba cayendo. Sin embargo la STPS no reporta esta información de manera sistemática, es necesario acceder a todos sus archivos y revisar todas las tomas de nota de los sindicatos para calcular el número de agremiados, asimismo, se necesitaría clasificar cada sindicato en su industria correspondiente.

[5] La Organización Internacional del Trabajo también reporta el número de huelgas desde los años sesenta, pero esta información no coincide con los datos publicados con INEGI y no está desagregada por industria.

[6] La variable de huelgas es significativa y negativa en todas las regresiones donde la brecha es la variable dependiente y huelgas la variable explicativa (mínimos cuadros ordinarios, panel con efectos fijos, con efectos aleatorios, etc.). Sin embargo, si se agrega la variable de utilidades, el número de huelgas es significativo sólo para las regresiones con mínimos cuadros ordinarios.

[7] Ver a Aguilar García, Javier, “Tasa de Sindicalización en México 2005-2008” en Análisis Político, México, Friederich Eberth Stiftung, pp 13, 2010.