Frente al fenómeno desatado en Estados Unidos por Piketty y su libro “El Capital en siglo XXI”, poca ha sido la discusión en México sobre el tema y en gran medida ésta se limita a decir si se está de acuerdo o no con su tesis central. No se ha realizado un esfuerzo por extraer lecciones que contribuyan a mejorar nuestro entendimiento de la desigualdad y otros temas adyacentes como el crecimiento económico.

México es un país desigual y por lo tanto el texto de Piketty es un insumo relevante para la discusión sobre la economía mexicana, independientemente de si se está de acuerdo o no con el autor. En este sentido, encuentro valiosa la critica que hace Fernando Arteaga pues permite la discusión y tocar otros temas que también merecen atención especial. Por estas razones considero pertinente el señalar y elaborar mi desacuerdo con las tres conclusiones principales en la crítica de Fernando Arteaga y porque considero que el libro de Piketty aun siendo debatible, resulta sumamente importante.

Fernando plantea tres conclusiones en su texto con respecto al libro de Piketty. Cito textual de su texto “En síntesis, el trabajo de Piketty comete tres pecados fundamentales: Omite la libertad individual como explicación endógena de la innovación; es ultra determinista en sus conclusiones y en sus propuestas de política pública muestra ingenuidad respecto al papel del Estado en la creación de la desigualdad

A continuación procederé a expresar mi opinión respecto a cada una de las tres conclusiones.

1.- El rol de la libertad individual en la innovación:

La innovación es sin duda un concepto difícil de definir, misma situación que ocurre con el concepto de crecimiento económico y democracia, cuya complejidad da lugar a múltiples interpretaciones. Sin embargo, aún con aires de misterio, conocemos algunas cosas sobre la naturaleza de la innovación y la de la ciencia y tecnología que al final la producen.

Lo que sabemos nos permite decir que la innovación es una actividad sujeta a la serendipia y de consecuencias imprevistas. Nunca se puede saber cuál será ni cuándo será la próxima gran innovación que transformará  la economía. Las tecnologías de propósito general, que son aquellas que impactan en el crecimiento económico de largo plazo al generar nuevos mercados y expandiendo los existentes, son siempre inciertas.[i]

La libertad individual sí es un factor importante en la innovación en la medida que permite la libre expresión, el flujo de información y la difusión de conocimiento. Sin embargo, no se puede afirmar que sea el único factor ni el de mayor peso en todo el proceso que conduce a la innovación.

Las innovaciones son productos de la ciencia y como tal son resultado de procesos que involucran el capital humano, social y físico de las sociedades. La ciencia al final de cuentas es una actividad acumulativa y una actividad social que requiere más que la mera libertad individual.

Las grandes tecnologías de propósito general como lo fueron el papel, el acero, la locomotora, la energía nuclear, el internet, la biotecnología, la nanotecnología, las telecomunicaciones, por tan solo mencionar unas cuantas[ii], han surgido de distintos  momentos y lugares, en los que difícilmente podemos contar con el común denominador de la libertad individual. Los grandes avances y las innovaciones que produjeron crecimiento se pueden encontrar en lugares de gran libertad como el Reino Unido en el siglo XIX, de poca libertad como la Alemania Nazi y la Unión Soviética en el siglo XX o la China imperial hace cientos años.

Las actividades de innovación requieren de la participación de sociedades completas y sus recursos. La ciencia básica detrás de dichas actividades requiere del financiamiento del Estado y en muchos casos es el mismo Estado quien desarrolló sus aplicaciones[iii]. Los trabajos de Nicholas Bloom, John Van Reenen[iv] y Mariana Mazzucato[v] explican de mejor forma este proceso.

Asumir que la innovación es un acto meramente individualista es no reconocer todo el trabajo que se requiere para producirla, sobre todo en un escenario de total incertidumbre. El supuesto del individualismo como máximo generador de innovaciones no es más que una expresión de carácter más ideológico que factual, y en parte proviene  del individualismo metodológico que usamos tan frecuentemente en la economía neoclásica y que viola la llamada “ley”de Hume[vi].  Es una noción que forma parte del malentendido sobre la innovación que ha nacido como parte del “mito de Silicon Valley”.[vii]

Una vez establecidos algunos aspectos de lo que entendemos y conocemos de la innovación como un proceso incierto, podemos movernos a un terreno más tradicional dentro de la economía, la teoría del crecimiento endógeno.

Los modelos de crecimiento endógeno independientemente de sus falencias, le dan un rol decisivo a la innovación en el crecimiento. Un mecanismo en estos modelos que permite establecer un vínculo entre innovación y desigualdad es el capital humano. Para que el capital humano se acumule y repercuta en un mayor progreso técnico, los modelos de crecimiento endógeno asumen que los individuos serán capaces de acumular capital humano en sí mismos, es decir de adquirir más habilidades y conocimientos. Este punto en específico es explorado en un gran número de modelos de crecimiento e investigaciones tanto teóricas como empíricas.[viii]

Dichos argumentos difícilmente se pueden considerar de carácter heterodoxo y son expresados repetidamente por economistas como: Alberto Alesina[ix], Philippe Aghion[x], Abhijit Banerjee[xi], Martin Ravallion[xii] y el mismo Thomas Piketty, entre muchos otros. El hallazgo de todos estos autores es que la desigualdad afecta la formación de capital humano al obstaculizar oportunidades de inversión y distorsionar la temporalidad de esas mismas decisiones, inclinándolas al muy corto plazo y no a la acumulación de largo plazo. El resultado es que el potencial de crecimiento se ve afectado de forma negativo.

En este sentido, el tipo de libertad que sí afecta a la innovación es aquella entendida en el sentido seniano[xiii], es decir aquella que se entiende en función de qué tan limitadas se encuentran las capacidades  de las personas para realizar sus potencialidades. Así, vale la pena preguntarse ¿Qué tan libre se puede ser en condiciones de gran desigualdad? Es un asunto debatible que va más allá del terreno puramente económico; a su vez la desigualdad pone en peligro la vida democrática,  punto sobre el que profundizaré más adelante.

Piketty descompone el crecimiento en dos componentes principales: el ya anteriormente mencionado progreso técnico y el crecimiento demográfico. El segundo es un hecho indisputable que se detendrá, por lo tanto, el primero tendría que contribuir aún más al crecimiento para mantener las tasas de crecimiento actuales.[xiv] Si sumamos a esto la naturaleza incierta de la innovación, resulta razonable asumir que el crecimiento puede ser menor en el futuro, ya que no sabemos ni dónde ni cuándo ocurrirá la próxima gran revolución tecnológica que impulsará el crecimiento y si lo hará más de lo que históricamente lo han hecho otras innovaciones.

2.- El Determinismo de Piketty:

El segundo punto en que se centra Fernando es el supuesto determinismo que subyace a las conclusiones de Piketty. Pienso que en este punto es donde más abierto el debate puede ser, pues existe una plétora de interpretaciones.

Para algunos, el pronóstico de Piketty puede parecer fatalista, interpretación que en mi opinión es incorrecta. El mensaje de Piketty es optimista pues señala que no estamos condenados a que el “pasado  devore al futuro”, podemos cambiar siempre nuestro futuro.

La economía no es una ciencia que pueda pronosticar al muy largo plazo (es cuestionable incluso llamarle ciencia). En tanto producto de la sociedad humana y por tanto sujeta a sus normas y convenciones, la economía no puede considerarse como un fenómeno de la naturaleza. Por lo tanto, no está sujeta a las leyes “naturales”, y lo que se observa en ella son regularidades empíricas que están lejos de ser inamovibles.

Piketty hace una analogía con el pasado, con sus condiciones y la realidad en la que devino. Muestra como algunas partes de esta historia pueden repetirse y nos obliga a pensar si ese posible futuro es compatible con nuestra aspiración de una sociedad en el siglo XXI o más allá. Si no lo es, entonces la analogía de la Belle Époque es una invitación a cambiar la sociedad, tomar medidas para construir una sociedad mejor, en este entendimiento no es determinista.

No es correcto interpretarlo como un profeta, más bien es una advertencia educada que tiene como objetivo señalar que podemos alterar el constructo social alrededor de nuestros sistemas económicos. “Las leyes fundamentales del capitalismo” como las llama Piketty, no son como la gravedad, éstas pueden ser alteradas como ya lo han sido una y otra vez.

3.- La ingenuidad de la propuesta de Piketty:

La tercera y última crítica de Fernando es un tanto difícil de refutar cuando el mismo Piketty considera su impuesto global ingenuo y políticamente inviable. Sin embargo, en su descargo resta decir que es una ingenuidad compartida. Piketty no es el único que busca una coordinación fiscal internacional, la OCDE tiene una idea semejante en mente en su proyecto “Base Erosion and Profit Shifting“[xv] BEPS por sus siglas en ingles. Puede encajar perfectamente en otros cientos de ingenuidades que buscan mejorar la gobernanza internacional como son los mandatos de instituciones como las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la Organización Mundial de Comercio.

Existe una razón para esta ingenuidad y es que la desigualdad es una amenaza para la vida democrática de las naciones y por tanto amenaza un “bien” que tiene cierta naturaleza semejante a la de un bien público. Quizá en el mismo orden que la estabilidad financiera internacional o la seguridad internacional se consideran bienes públicos.

El desarrollo económico tiene dependencia de ruta y la desigualdad obstaculiza el desarrollo  favoreciendo  ineficiencias y limitando la capacidad de participación democrática en la vida pública. La igualdad de oportunidades es en gran medida una precondición para la viabilidad democrática y si ésta se deteriora continuamente en el mundo, pone en riesgo la estabilidad de todos.

Claro que los Estados tienen responsabilidad en la desigualdad en el mundo, los Estados también fallan y son sujetos a captura, como decía Hobbes ”La riqueza es poder” y la riqueza tiene la tendencia a usar ese poder para continuar acumulándose. Los hallazgos de Engerman y Sokoloff que bien cita Fernando Arteaga, así como los de Acemoglu, Robinson y Johnson, entre otros tantos, demuestran que sí existe esta correlación positiva entre desigualdades económicas y políticas y por lo tanto tienden a reforzarse entre sí. Si aceptamos esto como válido y la evidencia indica que lo es, entonces la desigualdad en ambos casos se vuelve una afrenta a la democracia y con ella a la libertad.

Un Estado que adopte una actitud proactiva con la transparencia y la rendición cuentas, así como la participación activa por parte de los ciudadanos, tiene herramientas para limitar las probabilidades de ser capturado. En la medida que la desigualdad económica se transforma en desigualdad política, el ciudadano promedio pierde capacidades que facilitan la captura del Estado y que alimentan el círculo vicioso que refuerza la relación entre los dos tipos de desigualdad.

Frente a esta posibilidad, la prudente pero efectiva intervención del Estado es una alternativa válida y positiva; aunque esto no descarta otras soluciones que es posible y deseable explorar.

Al final de cuentas pienso que debemos compartir que estando o no de acuerdo con las razones aquí expuestas y las previamente expuestas por Fernando Arteaga, es que es en la discusión ilustrada de éstas y otras ideas donde podemos avanzar en nuestro entendimiento y donde como científicos sociales podemos elucidar y contrastar nuestras distintas posiciones para transformar la sociedad.  Si el libro de Piketty sirve de pretexto para traer estos tópicos a la luz y discutirlos desde el conocimiento y entendimiento que tenemos, ya ha hecho una contribución importante para encender la conversación y perfeccionar nuestras teorías.


[1] Economista y estudiante de desarrollo económico. Interesado en crecimiento, macroeconomía, desarrollo económico, ciencia, tecnología e innovación.


[i] Para los efectos del crecimiento económico de largo plazo es preferible tomar como innovaciones aquellas que son tecnologías de propósito general, pues son aquellas que cumplen con las características de replicabilidad, de horizontalidad en los mercados y de perfectibilidad en el tiempo. Las innovaciones en términos más generales como en procesos y productos generan desarrollo intra-industrial pero que no se refleja en toda la economía.

[ii] Para un recuento mucho más completo y una explicación de la historia de la ciencia y la tecnología y su impacto en el crecimiento económico en el muy largo plazo es recomendable la lectura de Edgerton, D. “The Shock of the Old: Technology and Global History Since 1900”. Oxford University Press, 2007.

[iii] La ciencia básica es un bien público indiscutido, la ciencia aplicada es una actividad que es más exitosa cuando se desarrolló una vinculación entre el Estado, la academia y la iniciativa privada. El rol del Estado es vital para incentivar la participación privada asumiendo riesgos en el proceso de aplicación.

[iv]  Van Reenen, J. Nicholas Bloom and Raffaella Sadun. “The Organization of Firms Across Countries”. The Quarterly Journal of Economics, Oxford University Press, vol. 127(4), pages 1663-1705 recuperado de http://web.stanford.edu/~nbloom/org_2012.pdf

[v] Mazzucato, Mariana. 2013. “Financing innovation: creative destruction vs. destructive creation”. Industrial and Corporate Change, 22 (4). pp. 851-867.

[vi] La ley de Hume establece que una preposición normativa no puede derivarse de un análisis meramente positivo.

[vii] Un recuento ilustrativo del complejo proceso de innovación que involucra la participación del Estado y del sector privado para conseguir innovaciones que creen mercados se encuentra en la siguiente lectura. Gertner, J. “The Idea Factory Bell Labs and the Great Age of American Innovation”. Penguin Books, 2012.

[viii] Una más amplia explicación de este punto se puede encontrar en mi texto Castañeda, Diego. “Lo que omitimos cuando discutimos crecimiento económico: Reacciones al debate”. Nexos. Junio, 2014,recuperado de http://www.nexos.com.mx/?p=21472

[ix] Alesina, Alberto and Dani Rodrik. 1994. “Distributive Politics and Economic Growth”.Quarterly Journal of Economics. 109:2, pp. 465-90

[x] Aghion, Philippe, Eve Cardi and Cecilia Garcia Peñalosa. “Inequality and Economic Growth: The perspective of the new growth theories”. Journal of Economic Literature, 37:4, pp. 1615-60

[xi] Aghion, Philippe; Abhijit Banerjee, and Thomas Piketty. 1997. “Dualism and Macroeconomic Volatility” mimeo, University College, London

[xii] Ravallion, Martin, 2001. “Growth, Inequality and Poverty: Looking Beyond Averages”,Development Research Group, World Bank.

[xiii] El entendimiento de libertad dado por Amartya Sen como capacidades para conseguir distintos estilos de vida. El significado de lo que es la libertad o una mayor libertad tiene muchos problemas argumentativos, en el terreno de la económico y en el filosófico, para discusiones de este tema se puede consultar los trabajos de Pattanaik y Xu 1990, Sen 1999 y Arrow 2001

[xiv] Piketty no es el único que espera una desaceleración del crecimiento en el mundo, tanto instituciones privadas como HSBC y PWC como organizaciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional han publicado con anterioridad la posibilidad de un bajo crecimiento mundial post 2050. Cabe destacar que ninguna de estas instituciones lo vincula expresamente con aspectos puramente demográficos sino con la problemática del calentamiento global, los precios de los alimentos y la pérdida de capacidad productiva en las naciones desarrolladas.

[xv] http://www.oecd.org/ctp/BEPSActionPlan.pdf