Tras la discusión del componente recaudatorio de la reforma hacendaria, es el turno de que en el Senado de la República se discutan tanto el seguro de desempleo como la llamada pensión universal. Respecto a esta última, ya se ha señalado tanto que no es realmente una pensión universal, y que supondrá un importante peso sobre las finanzas públicas en el mediano plazo(sobre todo en un escenario de bajo crecimiento y baja recaudación, como el actual). Sin embargo, un punto que ha sido dejado de lado tiene que ver con la forma en que se definió el monto de la pensión y el mecanismo de actualización de dicho monto.

De acuerdo a la propuesta de Ley de la Pensión Universal, el monto de 1,092 pesos se definió

a partir de la Línea de Bienestar Mínimo (LBM) del mes de julio de 2013 y proviene del valor promedio de las canastas alimentarias urbana y rural por persona al mes, calculadas por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), ponderadas por los porcentajes de población urbana y rural, estimados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, con base en el Censo de Población y Vivienda 2010.”[1]

El que el monto se haya definido como un promedio ponderado genera que sea inferior al valor de la canasta alimentaria urbana (que de acuerdo a CONEVAL en julio de 2013 era de 1,167 pesos).  Es decir, por diseño, el monto de la pensión universal es inferior al mínimo requerido para garantizar la satisfacción de los requerimientos de energía y nutrientes de un individuo en una población urbana[2] (si bien el monto es superior al valor de la canasta alimentaria en una población rural).  El problema se torna más grave si se considera que, de acuerdo al censo de población de 2010 realizado por INEGI, alrededor de 77% de la población mexicana ya vive en zonas urbanas y que, según la propia iniciativa, 37.6% de las personas con 65 años o más no recibe pensión alguna (y por tanto, la nueva pensión se convertiría en la única que recibirían).

La insuficiencia del monto inicial de la pensión se ve agravada por el mecanismo de actualización anual propuesto. Dicho mecanismo implica actualizar año con año el valor la pensión de acuerdo a la inflación general (es decir, la calculada a partir del Índice Nacional de Precios al Consumidor). El problema radica en que, como señala CONEVAL, la evolución de los precios que integran la canasta básica ha diferido en buena medida de la evolución del índice general de precios, siendo el  crecimiento de los precios de la canasta básica mayor al crecimiento del índice general.

Para visualizar los efectos que esto puede tener sobre el monto real vale la pena realizar un pequeño ejercicio aritmético. Supongamos que la “pensión universal” se introdujo en 2005 con los mismos criterios con los que está diseñada actualmente cambiando únicamente el mes que se toma como base (es decir, el monto es el promedio ponderado[3] de los valores de las canastas alimentarias rural y urbana en enero de 2005). Esto da como resultado un valor de 660 pesos.  A partir de ahí se actualizó el valor de la pensión con tres índices de precios diferentes: el valor del INPC (la metodología propuesta), el valor de la canasta alimentaria rural y el valor de la canasta alimentaria urbana[4]. Con ello se obtuvieron los valores de la pensión al inicio de cada uno de los años subsiguientes hasta 2013. Los resultados se presentan en el gráfico 1. Se presenta además la evolución de la canasta alimentaria urbana como referencia.

pensión universal

Fuente: elaboración propia con datos de CONEVAL y de INEGI.

Como se puede observar, el utilizar la INPC como índice de referencia implica una mayor brecha entre el valor de nuestra “pensión universal 2005” y la línea de bienestar mínimo urbano, mientras que utilizar los valores de la canasta urbana o rural implica mantener esa brecha en un nivel constante. La diferencia en nuestro caso hipotético no es menor, pues entre la pensión actualizada con la canasta alimentaria urbana y  la pensión actualizada con el INPC hay una diferencia de casi 120 pesos. El mayor crecimiento de la pensión actualizada con la canasta alimentaria se debe en buena medida al comportamiento de los precios de los alimentos en el periodo de 2005 a 2013. Si bien en la actualidad parece que nos encontramos en la parte baja del ciclo de los precios de alimentos, es poco probable que ese comportamiento se mantenga por mucho tiempo debido al efecto de los desastres naturales sobre la producción agrícola nacional.

Estos elementos hacen que sea dudoso que la “pensión universal” vaya a lograr que los individuos que no cuentan con una pensión tengan un nivel de vida digno en su vejez. Como punto de partida, debería de garantizarse que el monto de la pensión fuese igual al valor de la canasta alimentaria urbana (es decir, que se alcanzase la línea de  bienestar mínimo tanto en  las comunidades urbanas como en las rurales). Si bien esto implicaría una mayor carga sobre las finanzas públicas, también debería de servir de aliciente para mejorar el ejercicio de  gasto en otras áreas y simultáneamente elevar la recaudación en México.


[1] Propuesta de Ley de Pensión Universal

[2] De acuerdo a INEGI, las poblaciones urbanas son aquellas de más 2,500 habitantes y las poblaciones rurales aquellas de menor población.

[3] Los porcentajes de población urbana y rural utilizados como ponderadores se obtuvieron del Conteo Nacional de Población 2005.

[4] Las variaciones utilizadas fueron las variaciones de diciembre a diciembre de cada uno de los agregados de precios. El utilizar las variaciones de los promedios anuales de los agregados no arroja resultados sustancialmente diferentes.