La desaparición de 43 estudiantes de la Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa y la muerte de 6 personas en el municipio de Iguala, Guerrero, nos han hecho voltear hacia el sur del país para caer en cuenta, como señala Carlos Bravo, de la aterradora nueva normalidad en que vivimos. Esa nueva normalidad, en el caso de Guerrero, está acompañada de una vieja realidad económica: la del rezago, la pobreza, la falta de acceso a los servicios más básicos. Si bien lo que nos ha hecho voltear al sur es la violencia y la incapacidad del Estado para hacer justicia, no es posible comprender esta problemática del todo si no se considera cual es el contexto económico en el que ocurre. Proveer dicho contexto es el objetivo de este artículo.

Uno de los indicadores más generales para describir la situación de una economía es el producto por habitante. En el caso de Guerrero, de 2003 a 2012 el producto por habitante del estado[1]representó en promedio cada año cerca de la mitad del producto por habitante nacional. El que no se redujera la brecha entre el producto por habitante nacional y el producto por habitante del estado se debió a que ambos crecieron a la misma tasa: 1.5%. Este dato nos permite intuir un hecho ya conocido por todos: que las condiciones económicas de Guerrero se encuentran rezagadas con respecto a las de buena parte del país. Pero, ¿qué tan grave es dicho rezago?

En el cuadro 1 se muestran algunos indicadores que permiten ver tanto la situación económica en que se encuentran los habitantes de Guerrero como la manera en que esta ha evolucionado desde 1995. A su vez, se les compara con la situación en que se encuentran el promedio de los habitantes del país y los habitantes del estado de la federación que presenta el menor grado de marginación, que es el Distrito Federal

Cuadro 1: Indicadores de marginación

cuadro 1

Un primer hecho que salta a la vista es la magnitud del rezago de Guerrero frente al promedio nacional y no se diga frente al D.F. Mientras que en el D.F. solamente cerca de 7,000 personas habitan una vivienda sin sanitario o drenaje, en Guerrero son poco más de 660,000 personas que viven en esas condiciones. Lo mismo ocurre con la población que vive en casas sin acceso a agua potable: en el D.F., con una población mayor, sólo 1% de ella vive en una vivienda en esas condiciones, mientras que en Guerrero es cerca de una tercera parte de la población. En números absolutos, mientras en el D.F. hay 150 mil personas que viven en hogares sin agua potable, en Guerrero la cifra asciende a poco más de un millón de personas.  Una situación similar ocurre con quienes habitan en viviendas con piso de tierra.

Y la diferencia respecto al promedio nacional no es menor. En todos los indicadores, la proporción de la población que sufre de cada una de las carencias en Guerrero es más del doble del promedio nacional. Si bien el rezago de Guerrero frente al promedio nacional y el D.F. se ha ido reduciendo de 1995 a la fecha, sigue ubicándose en niveles muy altos. Vale la pena señalar que tanto la provisión de agua potable como de servicios de drenaje está a cargo del gobierno.

En el cuadro 2 se muestran otros indicadores sociales y al igual que en el cuadro anterior, se compara la situación de Guerrero con el promedio nacional y con la situación del D.F.

Cuadro 2: Indicadores de marginación

cuadro 2

El que cerca de 17% de la población guerrerense mayor a 15 años sea analfabeta es, junto con los niveles que muestra Guerrero en el recuadro anterior, una muestra palpable del fracaso del Estado en proveer servicios básicos a la población de Guerrero. La situación es peor si se considera que no ha ocurrido lo mismo en todos los estados del país, como muestra el que tanto el D.F. como el promedio nacional muestren menores niveles en los indicadores de marginación. Es decir, el Estado ha discriminado entre estados al proveer de servicios públicos.

Tanto el panel que provee los datos del porcentaje de la población ocupada que gana hasta dos salarios mínimos como el que muestra el porcentaje la población con derechohabiencia a servicios de salud nos permiten tener una idea de la calidad de empleos que se crean en Guerrero y en el país. Por un lado, es de notar que tanto a nivel nacional como en el D.F. más de una cuarta parte de los empleos paga 2 salarios mínimos o menos  y cerca de un tercio de la población no cuenta con acceso a servicios de salud. La carencia de acceso a servicios de salud y la precarización del empleo son dos problemas que se encuentran en general en todo el país, sin embargo, es posible ver en el cuadro que la situación en Guerrero es más grave que en el resto del país. Si bien ha habido avances de 1995 a la fecha, lo cierto es que en Guerrero más de la mitad de los trabajadores ganan 2 salarios mínimos o menos (lo que les pone por debajo de la línea de bienestar de CONEVAL) y cerca de la mitad no son derechohabientes.

De estos datos no es sorprendente lo que nos indica el gráfico 1: el porcentaje de la población guerrerense que es pobre es mucho mayor a la proporción que representa la totalidad de pobres en el país respecto a la población total. Más de dos terceras partes de la población guerrerense se encuentra en situación de pobreza y casi una tercera parte en situación de pobreza extrema (lo que es tres veces la proporción nacional).

Gráfico 1: Población en situación de pobreza

(% de la población del estado o del país, según sea el caso)

PobrezaGuerrerp

Fuente: CONEVAL.

El rezago que sufre Guerrero no es para nada reciente. De hecho, desde el surgimiento de México como nación la situación económica de la población guerrerense ha sido una de escasez y pobreza (Illades, 2010).El problema es que, como señala Esquivel (1999) y el gráfico 2 (con datos de Esquivel, López-Calva y Vélez, 2006) ni siquiera cuando México creció de forma sostenida a tasas altas; es decir, durante el llamado “milagro mexicano”, Guerrero fue capaz de abandonar los últimos lugares en términos de desarrollo humano o los primeros en términos de rezago social.

 Gráfico 2: Índice de Desarrollo Humano estatal.

gráfico 2

Fuente: Elaboración propia con datos de Esquivel, López-Calva y Vélez, 2006

Dicho de otra forma, si bien ocurrió una mejora en las condiciones de vida (como muestra el gráfico 2 y se puede apreciar en los cuadros anteriores), esa mejora no fue capaz de llevar las condiciones de vida a un nivel adecuado para todos. El resultado es que hoy, al igual que hace 50 años, la población guerrerense es una de las que vive en peores condiciones económicas, tanto en términos absolutos como relativos al resto del país.

Como se muestra en este texto, el rezago económico de Guerrero se explica en buena medida por la inadecuada provisión de servicios públicos, lo que ha hecho que la población de dicho estado viva, en su gran mayoría, en condiciones de pobreza. De igual forma, se trata de un estado que, junto con el resto del sur del país, sufre de un déficit de infraestructura de transporte, educativa y vinculada a las actividades económicas, que ha mermado la capacidad de la economía guerrerense de crecer y de ser un medio que permita a sus habitantes mejorar sus condiciones de vida. La cuestión es que el Estado mexicano si ha sido capaz de proveer esos bienes y servicios a otros estados del país; es decir, el Estado ha discriminado a Guerrero en términos de provisión de bienes y servicios públicos. No debería ser así y no debe de seguir siendo así

Hace tiempo Dávila, Kessel y Levy proponían un pacto con el sur de México con el fin de proveerle de la infraestructura necesaria y de los servicios básicos para que su población mejorara sus condiciones de vida. Es cierto que las condiciones geográficas de Guerrero y de buena parte de los estados del sur es un factor en contra, pero eso no debe de ser excusa si se considera que para proveer de agua al D.F. se requiere de un esfuerzo del tamaño del Sistema Cutzamala. Hoy que una tragedia nos ha hecho voltear los ojos hacia Guerrero, vale la pena retomar la idea, vale la pena presionar para que se cree una estrategia de desarrollo para la región que compense el rezago en materia de provisión de servicios públicos. De otra forma, las condiciones económicas difícilmente cambiarán.

Referencias.

Esquivel, Gerardo (1999) “Convergencia regional en México 1940-1999” El Trimestre Económico, vol. 66, no. 264, pp. 725-761.

Esquivel, Gerardo; Luis Felipe López-Calva y Roberto Vélez (2006) “Crecimiento económico, desarrollo humano y desigualdad regional en México, 1950-2000”en López-Calva, Luis Felipe y Miguel Székely, (comps). Medición del desarrollo humano en México. México: Fondo de Cultura Económica, pp. 185-214.

Illades, Carlos. (2010). Historia breve de Guerrero. México: El Colegio de México, Fondo de Cultura Económica


[1] Para calcular el Producto Interno Bruto Estatal per cápita  se dividió el Producto Interno Bruto Estatal a precios de 2008 entre la población del estado, utilizando para ese fin los estimados de población de CONAPO para el periodo de 2003 a 2012.