Carlos Brown Solà (@cbrownsola)[1]

El 15 de julio de 2014 deberá ser una fecha recordada y marcada entre quienes dedicamos nuestros días a analizar la gobernanza y relaciones económicas internacionales: en ese día, los países comprendidos dentro de la etiqueta “BRICS” – Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica – anunciaron la creación de un banco de desarrollo y un fondo de reserva para contingencias financieras en los miembros de este grupo de países. La importancia de esta fecha no radica en la formación per se del banco y el fondo de reserva, cuyas sumas conjuntas ascenderán a 200 mil millones de dólares – frente a los 14 mil millones de dólares prestados por el Banco Interamericano de Desarrollo durante 2013, por ejemplo –, sino en el mensaje que estos cinco países dan a la comunidad internacional, sin ser formalmente un bloque económico.

Y les llamo “etiqueta” y “grupo”, y no “bloque”, porque estos cinco países no tenían, hasta el 15 de julio pasado, algo que los uniera más allá del acrónimo acuñado por Jim O’Neill, economista de Goldman Sachs. Tras la “Gran Recesión”, los grandes bancos internacionales comenzaron a prestar atención a los países en desarrollo, gracias a su desempeño económico superior al del mundo desarrollado en los últimos años. En medio de esta euforia por los denominados “emergentes”, comenzaron a nacer acrónimos que categorizaron a los países de acuerdo a su potencial para inversionistas internacionales. De este modo, tras los BRICS, surgieron acrónimos como MINT – donde se agrupan México, Indonesia, Nigeria y Turquía – y Civets – donde se encuentran Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica – entre otros, que tienen en común el agrupar a países que no tienen mucho en común, más allá de la enorme población – con un fuerte componente de población joven – y las tasas de crecimiento económico por encima del promedio de otros grupos de países.

Más allá de la etiqueta, algo que distingue al grupo de países BRICS es el pragmatismo en su agenda de diplomacia económica y política. Si bien India, Brasil y Sudáfrica tienen modelos de gobierno democráticos mientras que Rusia y China mantienen regímenes más autoritarios, los intereses económicos y diplomáticos unen más a los cinco gigantes emergentes que los posicionamientos políticos y sociales. Y, aunque ya han realizado seis cumbres y una serie de foros entre los ministros de las principales carteras del gabinete económico, este grupo de países no ha contado con mecanismos vinculantes. En ese escenario, la creación de un banco de desarrollo y un fondo de reservas son el primer paso hacia el siguiente nivel de vinculación, producto de una afronta a las instituciones internacionales formadas gracias a los acuerdos de Bretton Woods. La principal crítica de estos cinco países en desarrollo es la tibieza con que se han conducido tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco Mundial, y la falta de representatividad de los países en desarrollo – que cada vez cuentan con un mayor peso, tanto económica como políticamente – en la toma de decisiones de éstos y otros organismos internacionales, a pesar su contribución al financiamiento de los mismos.

Sin duda, no debe menospreciarse el papel cada vez más preponderante que juegan estas cinco economías en el tablero internacional: juntos reúnen casi el 42 por ciento de la población mundial, poco más del 27 por ciento del producto interno bruto mundial y casi 18 por ciento del volumen de comercio total a nivel global, de acuerdo a datos del FMI y la OMC. Sin embargo, como muestra la Tabla 1, las diferencias internas son también notorias: sólo China concentra el 15.4 por ciento del PIB mundial y el 11 por ciento del volumen de comercio total, y las cinco economías se ven fuertemente asediadas por los fantasmas de la pobreza y la desigualdad. De igual forma, el crecimiento económico de estas economías se ha ralentizado en los últimos dos años, aunque sigue siendo superior al del mundo desarrollado; lo que ha puesto en duda el verdadero potencial económico de este grupo de países, especialmente con la aparente recuperación de las economías desarrolladas ocurrida en los últimos meses.

Aunado a lo anterior, el grupo BRICS se presenta como una oportunidad más de mostrar el liderazgo económico y político que comienza a tener China en el mundo en desarrollo. Dado que cada uno de los miembros de esta agrupación es el líder económico – y, en algunos casos, político – de las economías emergentes en sus respectivas regiones, China comienza a aprovechar las buenas relaciones políticas y comerciales con los otros cuatro países para reafirmar lazos políticos y consolidar su agenda multilateral. Un ejemplo de lo anterior ocurre en América Latina, donde el presidente Xi Jinping visitó Argentina, Venezuela y Cuba, recordándonos que la diplomacia china procura consolidar primero la plataforma política con sus socios, para luego iniciar la expansión económica.

Aunque no podemos considerar aún al nuevo banco de desarrollo y al fondo de reserva como un actor fundamental entre las instituciones internacionales que dominan el espectro económico global, es claro que las economías en desarrollo comienzan a tomar pasos cada vez más firmes para ser incluidos en la toma de decisiones dentro de la gobernanza económica global, con un mensaje político notorio y difícil de ignorar. Ante los retos que representan la ralentización del crecimiento económico, la incidencia de la pobreza y la creciente desigualdad en el mundo, es evidente que no debemos perder de vista el papel que comenzarán a jugar estas cinco economías en el tablero económico global.

[1]Maestro en Economía por El Colegio de México, donde obtuvo el Premio BBVA Bancomer de Excelencia Colmex; licenciado en Negocios Internacionales por la Universidad Anáhuac, egresado con honores; con estudios de especialización en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid y la Escuela Diplomática Española. Se desempeña como asesor económico en el Congreso del Estado de Quintana Roo, y como consultor económico de política social. Cuenta con experiencia en administración pública, comercio internacional y análisis del entorno económico-político.