Las drogas no siempre fueron consideradas como “malas”; tampoco provocaban tanta violencia y deterioro. De hecho, durante de la mitad a finales del siglo XIX en los Estados Unidos –el país que promotor una guerra contra la droga en el mundo, mientras una crisis de adicciones florece dentro de sus fronteras— el consumo de opiaceos fue común y tolerado. En ese entonces, el adicto estereotípico al opio en EE.UU. era una mujer blanca y sureña, de clase media o alta. En ese entonces prevalecía la creencia de que estas adictas eran “aceptables” y no que no representaban una amenaza a la sociedad. Sin embargo, a inicios del siglo XX, el país empezó a considerar que las adicciones no coincidían con sus intereses nacionales. Stephen Kandall, M.D., advierte:

“Cuando la imagen estereotípica del adicto cambió de la mujer sureña simpática, blanca y gentil, adicta de manera iatrogénica, al hombre urbano, pobre y de grupo minoría, se le facilitó a la sociedad ver a los adictos como  improductivos, escapistas y egocéntricos. La mitología de la amenaza, percibida, a mujeres, por parte de los consumidores de droga afro-americanos y asiáticos –violencia, seducción, violación y esclavitud—que fue propuesta por el Gobierno, exagerada por los medios y embellecida por el cine, servía bien a la agenda nacional anti-droga. Mientras, la nación avanzó una política de restricción y represión de drogas, utilizó frases como ‘mujeres en peligro’ y ello cambió la realidad de miles de mujeres adictas, y no para generar tratamiento compasivo, sino para que la nueva legislación anti-droga se aprobara” (mi traducción).[1]

Desde la etiqueta a las drogas como un “mal” para la sociedad, como ideología empujada sobre todo por EE.UU., las adicciones persisten, y los operativos punitivos son una prioridad empujada por ese país en el ámbito internacional, por encima de esfuerzos preventivos. Hoy EE.UU. está viviendo una epidemia de heroína. El cultivo de la pasta del opio en México sirve a este vigoroso mercado. México produce casi la mitad de la heroína encontrada en los EE.UU. –un aumento de 39 por ciento entre 2008 hasta 2014.[2]

El consumo de la heroína en EE.UU. creció un 63 por ciento entre 2002 y 2013, y las muertas relacionadas a la sobredosis de heroína se cuadruplicaron en el mismo periodo. En 2013, 527 mil personas reportaron haber usado la heroína en el último año, o haber desarrollado una dependencia a la heroína, lo que constituye un aumento de 150 por ciento desde 2007. Datos del pasado julio de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de EE.UU. señalan que, mientras el consumo de la heroína es más común en la población masculina, entre las edades de 18 y 25 con ingresos menores a 20 mil dólares al año, el consumo ha aumentado en casi todos los grupos demográficos. Por ejemplo, su consumo se ha duplicado entre población femenina.

Este fenómeno es una clara crisis de salud en EE.UU. La Revista TIME ha destacado que las personas adictas a los analgésicos prescritos a menudo los cambian por la heroína, la que ofrece un efecto similar, porque es más barata y no requiere prescripción. Según el CDC, las personas adictas a los analgésicos opioides son 40 veces más propensas a ser adictas a la heroína.[3]

Grupos delincuenciales como Guerreros Unidos cultivan, comercializan y controlan –mediante el uso de la violencia—una cadena de suministro de heroína, que se extiende desde Guerrero hasta las calles de Chicago. Entre 2013 y 2014, una célula de dicho cartel movió por lo menos 183 kilogramos de heroína, con un valor de $11 millones USD a esa ciudad. Según la DEA, Guerreros Unidos utiliza compañías como Autobuses Volcano y Autobuses Monarca Zacatecanos para trasladar droga.[4]

Pablo Vega Cuevas, alias “Transformer”, quien fue líder de Guerreros Unidos en Chicago, facilitó el traslado de cocaína y heroína desde México, mediante autobuses de pasajeros.[5] Sus socios en México recibían, en los mismos camiones, los dólares de las ventas. Durante 15 meses, la DEA organizó un operativo para desmontar el líder y en el proceso decomisaron 68 kilogramos de heroína, 9 de cocaína y 500 mil dólares.[6] Vega y su cuñado Alexander Figueroa fueron detenidos en diciembre del año pasado en Oklahoma.

Una vez Vega consiguió $600 mil USD en una sola venta.[7] Cuando un mercado así está creciendo, la oferta alcanza la demanda. Los decomisos gubernamentales de la pasta de opio se dispararon un 500 por ciento entre 2013 y 2014, y la erradicación de plantas de amapola se creció un 47 por ciento. Los decomisos de la droga ya procesada aumentaron en un 42 por ciento. La calidad de la heroína de los Guerreros Unidos se considera buena, mientras la marihuana que cultivaron antes fue de baja calidad. Además, el precio de la marihuana ha caído. Hoy, un campesino en Guerrero puede recibir alrededor de 250 pesos por cada kilogramo seco de marihuana, en contraste puede recibir 13 mil pesos por cada kilo de la pasta de opio.[8]

En una región con desafíos económicos tan profundos y con tan pocas alternativas de empleo, el involucramiento en este negocio, pese a los riesgos y exposición a grupos violentos, es la única opción viable para mantenerse económicamente. Aun cuando se pueda encontrar empleo, el salario mínimo es menos que 70 pesos al día.[9]

Este contexto nos ayuda comprender el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, que señaló que la noche del 26 de septiembre del año pasado en Iguala, Guerrero, es posible que un autobús, en el que transportaría droga o dinero, y que habría sido tomado por los normalistas de Ayotzinapa, pudo ser la causa del ataque violento por parte de las policías municipales.

¿Cómo llegamos aquí? Un repaso de la historia del régimen de prohibición de drogas y el liderazgo de los EE.UU. En ella se dibuja una situación contradictoria y sin sentido –una que contribuye a esas atrocidades.

Antes del siglo XX, no hubo pautas internacionales en las normas y sanciones legales que rigen el comercio y uso de las sustancias psicotrópicas. Hoy, la mayoría de Estados son miembros del régimen global de prohibición. La producción, venta y posesión de muchas drogas son castigados con sanciones criminales en casi cada nación del mundo. ¿Qué sucedió?

Se debe a una lógica moral que se ha exportado de los EEUU al resto del mundo. Estas políticas se forjan, sobre todo, con base en la aplicación de la ley y esfuerzos punitivos para eliminar la oferta, mediante una estrategia que apunta a los productores y traficantes afuera de los EEUU, y los narcomenudistas dentro de sus fronteras. Dentro de la estrategia se incluyen elementos preventivos y de rehabilitación, pero se adoptó una enfoque de cero tolerancia, el que hace parecer a la estrategia como una guerra contra los adictos.[10] Mediante esta guerra, supuestamente se cumple un esquema de los tratados promueve la “salud y bienestar” de humanidad.

El interés de los EEUU en el control internacional de narcóticos puede explicarse en parte por las preocupación de su élite sobre el uso doméstico de estas sustancias entre ciertos grupos de minoría. Por lo tanto, hubo una intención de limitar su entrada a los EEUU. Estas preocupaciones proveían una excusa conveniente a las autoridades para evitar cualquier responsabilidad sobre el comportamiento, considerado anti-moral, por parte de los protestantes en EEUU.[11] Ese empuje “moral” sostiene los esfuerzos del país en internacionalizar el paradigma prohibitivo —que, además, refleja su herencia puritana y su entorno doméstico.

Los EEUU iniciaron la internacionalización de una ideología prohibitiva en la Comisión del Opio en Shangai en 1909. En 1912, se firmó la Convención Internacional del Opio en La Haya, el primer tratado de una larga serie en los años de la entreguerra bajo la supervisión de la Liga de Naciones. Bewley-Taylor (2012) señala que muchas de las características de estos tratados reflejan los intereses de los EEUU, y la creencia en su superioridad hegemónica con las que creó las condiciones necesarias para la globalización de sus ideales. El interés que tenían en la cuestión del opio se puede entender en relación a la política china. En China, los EEUU buscaron el establecimiento y preservación de una nación fuerte, estable y prospera que podría resistir la intrusión de potencias extranjeras, y proveer oportunidades para una relación de comercio rentable. En ese entonces se creyó que la adicción al opio había acarreado el estancamiento político, social y económico de China, entonces se consideró esencial suprimirlo para revivir el desarrollo de su potencia comercial.[12] Los EEUU buscaron tomar partido con China para contrarrestar los intereses comerciales de Europa occidental.

Esta competencia con Europa occidental, y el inicio del control internacional de la droga, se explica por medio de la historia del comercio del opio. En el siglo XIX, el gobierno de Gran Bretaña fue el patrocinador principal de este producto. Cuando China intentó prohibir el flujo del opio de India, Gran Bretaña reprimió estos esfuerzos entre 1830 y 1840. Sin embargo, dentro de Gran Bretaña, creció la oposición al comercio del opio después de las guerras del opio.[13] Luego entonces, los cuákeros británicos dirigieron el movimiento anti-opio; siendo empresarios de altas aspiraciones morales, convencieron al público y presionaron al gobierno. Otros misioneros se unieron a la campaña porque creyeron que el opio obstaculizó la evangelización y crecimiento económico en China. En 1906, ganó el Partido Liberal en Gran Bretaña, y se promulgó una política para acabar con las exportaciones del opio de India a China. No obstante, los británicos no tradujeron esta campaña en un movimiento agresivo global.[14]

Los estadounidenses, especialmente los misioneros del extremo oriente, inauguraron el movimiento global. El movimiento misionero se combinó con intereses políticos y económicos que estimularon la legislación de prohibición estatal y federal, y eventualmente, el régimen global institucionalizado en las convenciones de la ONU y las agencias del control de la droga creadas en las organizaciones internacionales.

En la década de 1920, la legislación doméstica afectó la posición de los EEUU en el entorno internacional. Fue muy importante la decisión de la Corte Suprema de declarar que la adicción era ilegal.[15] Cualquier uso que rompiera con esta visión constituiría un mal moral y social; quien contraviniera la norma, se convertiría en paria.

Después de la Segunda Guerra Mundial, un cambio en el equilibrio del poder dio a Washington la hegemonía para crear varios regímenes en el comercio y finanzas. Ya, en posición de superpower, los EEUU pudieron empujar y presionar para el control internacional de las drogas. La burocracia estadounidense dominó la burocracia internacional desde entonces. El país concretó su interés de tener las sedes de los organismos de control internacional de la droga en su territorio. Según Herbert May, entonces presidente del Supervisory Body: “Convencí al Departamento de Estado de permitirme operar desde Washington… Ya que la Liga de Naciones no tiene disponibles los fondos para poner una oficina, dos fundaciones americanas donaron el dinero necesario”.[16]

Tres convenciones de la ONU después, ya se había dado la estructura legal suficiente para un sistema internacional con medidas a seguir por cada Estado participante y con amplias reglas.[17]Estas reglas se categorizan en dos métodos: primero, el control de la mercancía; segundo, el control penal.[18] En el texto original para organizar la Convención de 1988, los Estados occidentales lograron limitar el alcance a los aspectos de producción y tráfico. Eso implicaba fuertes sanciones a los países productores y de tránsito, sin las recíprocas obligaciones para los países de demanda y consumo.[19] También se consideraba instalar un sistema de “certificación”, establecido unilateralmente por EEUU, para evaluar a los países productores y de tránsito: se sometió a treinta países al proceso, que midió su “éxito” según la voluntad política de luchar contra el narcotráfico, no según la eficacia de la política.[20] Quienes no acreditaron las acciones recibieron sanciones.

Desertar del régimen de prohibición tendría consecuencias severas: el país desviado entraría en una categoría de “narco-Estado”, y recibiría sanciones económicas y recortes a sus fondos internacionales. También podría hacerles daño a su imagen moral en la comunidad internacional.[21] Cabe destacar que el ascenso de los EEUU en el tema se debe a que es el principal donador a su presupuesto. Es probable que la amenaza de remover fondos ha servido para asegurar la cooperación en los esfuerzos de impedir el tránsito de las drogas. No solamente los fondos, sino también el entrenamiento, sirven para incentivar la cooperación.

Mientras ha desaparecido el sistema de certificaciones, la positiva relación EE.UU-México todavía depende de que México siga las provisiones del régimen punitivo y enérgico contra la producción y traslado de la droga. EE.UU., durante todo este tiempo, no ha adoptado las mismas estrategias militares y policíacas para aminorar la demanda. Algo en esta situación es perverso y no es la droga.


[1] Kandall, Stephen, “Women and Addiction in the United Status—1850 to 1920”, National Institute on Drug Abuse, p 45, disponible en http://archives.drugabuse.gov/pdf/DARHW/033-052_Kandall.pdf.

[2] Associated Press, “Mexican farmers turn to opium poppies to meet surge in US heroin demand”, 2 de febrero de 2015, disponible en http://www.theguardian.com/world/2015/feb/02/mexican-farmers-opium-poppies-surge-us-heroin-demand-guerrero.

[3] Sifferlin, Alexandra, “Heroin Use in U.S. Reaches Epidemic Levels”, TIME, 7 de julio de 2015, disponibe en http://time.com/3946904/heroin-epidemic/.

[4] “Guerreros Unidos sent heroin aboard buses”, Borderland Beat, 22 de abril de 2015, disponible en http://www.borderlandbeat.com/2015/04/guerreros-unidos-sent-heroin-aboard.html.

[5] García, Galia, “De Iguala a Chicago: la ruta de la heroína”, Milenio, 8 de septiembre de 2015, disponible en http://www.milenio.com/policia/heroina_Iguala_Chicago-Guerreros_Unidos_EU-declaracion_agente_DEA-CIDH_camion_droga_0_587941244.html.

[6] “Guerreros Unidos sent heroin aboard buses”, op cit.

[7] Ibid.

[8] Associated Press (2015).

[9] “Estos son los salarios mínimos aprobados para 2015”, Forbes México, 29 de diciembre de 2014, disponible en http://www.forbes.com.mx/estos-son-los-salarios-minimos-aprobados-para-2015/.

[10] David R. Bewley-Taylor, International Drug Control: Consensus Fractured, Cambridge University Press, 2012, p. 8.

[11] Ibid., p. 9.

[12] Taylor, Arnold H., American Diplomacy and the Narcotics Traffic, 1900-1939, Durham, Carolina del Norte, Duke University Press, 1969, p. 329, citado en Bruun, et. al. (1975), p. 134.

[13] Andreas, Peter y Ethan Nadelmann, Policing the Globe: Criminalization and crime control in international relations, New York, Oxford University Press, 2006, p. 38.

[14] Ibid., p. 39

[15] Bruun, Kettil, et al., The Gentlemen’s Club: International Control of Drugs and Alcohol, Chicago, University of Chicago Press, 1975, p. 134.

[16] Bruun et al., op. cit. p. 138-139.

[17] Boister, Neil, Penal Aspects of the UN Drug Conventions, La Haya, Kluwer International, 2001, p. 2, citado en Bewley-Taylor (2012), p. 3.

[18] Bewley-Taylor (2012a), op. cit., 2012, p. 3.

[19] Ruiz Massieu, Mario, El marco jurídico para el combate al narcotráfico, México, Fonda de Cultura Económica, 1994, p. 54.

[20] Chabat, Jorge, “Drug Trafficking in US-Mexican Relations: The Politics of Simulation”, Documento de Trabajo, Número 51, CIDE, 2000, p. 4.

[21] Andreas, Peter, “When policies collide: Market reform, market prohibition, and the narcotization of the Mexican economy”, en H. Richard Friman y Peter Andreas (eds.), The Illicit Global Economy and State Power, Lanham, Maryland, Rowman & Littlefield Publishers, Inc., 1999, p. 127.