Tras la publicación del informe “Desigualdad extrema en México  elaborado por Gerardo Esquivel para Oxfam, el tema de la desigualdad económica en México volvió a estar dentro de la discusión pública. El informe trata el tema desde una perspectiva nacional pero apunta que la desigualdad de ingresos entre las distintas regiones de México es uno de los factores que explica el alto grado de desigualdad en el país.

El indicador que usualmente se utiliza para analizar el grado de desigualdad entre estados es comparar el PIB per cápita de los estados entre sí o compararle con el PIB per cápita nacional. Esta comparación permite observar la divergencia que existe entre los ingresos promedio de cada uno de los estados. En el gráfico 1 se muestra la relación entre el PIB per cápita de diferentes estados y el PIB per cápita estatal para el periodo de 2000 a 2013. Como se puede apreciar, el PIB per cápita del Distrito Federal representa 2 veces el PIB per cápita nacional (y de hecho, la divergencia se ha incrementado desde 2000) En el otro extremo se encuentra Chiapas, cuyo PIB per cápita representa menos de la mitad del PIB per cápita nacional. Esta simple medición apunta a la gran brecha que existe en materia de ingreso entre los estados más pobres del país con respecto no sólo a los estados de mayor ingreso sino al ingreso promedio nacional.

Gráfica 1: Relación entre el PIB per cápita estatal y el nacional

grafPIB

Fuente: Banco de Información Económica, INEGI

A pesar de lo informativa que pueda ser esta comparación, lo cierto es que sólo nos permite observar la brecha en ingresos promedio, sin decir nada sobre lo que ocurre a lo largo de la distribución de ingresos. Es decir, no nos permite observar si las personas más pobres del Distrito Federal tienen un ingreso similar al de las personas más pobres de todo el país o si las personas de mayores ingresos en Chiapas tienen un ingreso similar a las de mayores ingresos de todo el país.

Para poder realizar ese tipo de análisis se requiere información sobre la distribución de ingresos a escala nacional y a escala estatal. Esta información, a nivel nacional, se encuentra disponible en la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares, elaborada de forma bianual por el INEGI. El hecho de que a nivel nacional exista esta información ha permitido a investigadores como Branko Milanovic (con quien charlamos este año) estimar en qué posición de la distribución global de ingresos se encuentra cada percentil de las distribuciones de ingresos de cada país. Es decir, Milanovic ha logrado ubicar en qué posición de la distribución global se encuentra el 10% más rico de México, de India, de Brasil y de cada uno de los países para los que se cuenta con datos. Esto permite hacer un mejor análisis sobre la brecha de ingresos que existe entre los países pobres y los países ricos. En ese sentido, recomiendo la lectura del libro de Milanovic  “Los que tienen y los que no tienen” (The haves and the have-nots) editado en español por Editorial Alianza.

Replicar el tipo de análisis que hace Milanovic a una escala subnacional es complicado por una razón: la disponibilidad de los datos a escala estatal. Si bien la ENIGH permite recuperar la distribución del ingreso a escala nacional, la encuesta no es representativa a nivel estatal, por lo que no pueden obtenerse de ella las distribuciones estatales. Sólo hay dos encuestas en México que permiten recuperar ese tipo de información. El Modulo de Condiciones Socioeconómicas, levantado como anexo de la ENIGH desde 2008 y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, levantada desde 2005. En este caso se utilizará la ENOE pues permite un mayor rango temporal para el análisis, si bien sólo nos permite observar la distribución del ingreso laboral, dejando de lado el ingreso proveniente de otras fuentes.

En el gráfico 2 se muestra la posición en que se encuentra cada uno de los percentiles de la distribución del ingreso laboral de cada estado dentro de la distribución nacional del ingreso laboral. Se grafica la distribución del ingreso laboral del DF, de Nuevo León, Chiapas, Guerrero y Oaxaca. Vale la pena explicar un poco más el gráfico. En el eje de las x, se encuentran los percentiles de la distribución estatal, mientras que en el eje de las y se muestran los percentiles de la distribución nacional. Como referencia, se grafica una línea de 45°. Si la distribución de cada uno de los estados es igual a la distribución nacional, todos los puntos estarían sobre esa recta. Si se encuentran por debajo, implica que esos percentiles se encuentran en una posición más baja en la distribución nacional de lo que se encuentran en la distribución estatal. Si se encuentran por arriba, se tiene lo contrario.

GB

Nota: En el cálculo de las distribuciones del ingreso laboral se imputaron los valores de ingreso faltantes para aquellos trabajadores que declaran trabajar por un pago y que tienen horas trabajadas superiores a cero pero que no reportan el monto de su ingreso. El método de imputación empleado es hotdeck y se siguió la imputación por grupos planteada por Campos-Vázquez (2013).
Fuente: Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo.

En 2015, el 60% de los trabajadores en Chiapas, ordenados según su ingreso, tienen un ingreso que les ubicaría dentro del 30% más pobre en la distribución nacional. Es decir, el 60% más pobre de los trabajadores chiapanecos forma parte del 30% de trabajadores más pobre de todo el país. En cambio,  el 20% de los trabajadores del DF tiene un ingreso tal que les ubicaría en la misma parte de la distribución. En el caso de Oaxaca, el 40% más pobre de los trabajadores estaría ubicado dentro del 30% más pobre de trabajadores a escala nacional.

El otro extremo son el DF y Nuevo León. El ingreso de los trabajadores en el percentil 40 de la distribución en Nuevo León les coloca en el percentil 60 de la distribución nacional. En el DF., el ingreso de los trabajadores en el mismo percentil en la distribución estatal les coloca en el percentil 48 de la distribución nacional. Si bajamos en la distribución de ambos estados la brecha se amplía. Los trabajadores en el percentil 10 en la escala estatal se encuentran, en el caso de los trabajadores de Nuevo León, en el percentil 24 de la distribución nacional, y en el caso del DF, en el percentil  20 de la distribución nacional

Algo similar ocurre en la parte alta de la distribución: los trabajadores ubicados en el percentil 90 en las distribuciones de Chiapas, Guerrero y Oaxaca tienen un ingreso laboral menor al que tienen los trabajadores ubicados en el mismo percentil en la escala nacional.  En el caso de Chiapas y Oaxaca la brecha se mantiene en la misma proporción que en la parte baja de la distribución salvo por la parte más alta (en el punto cercano al 3% de mayores ingresos de la distribución). Sin embargo, en el caso de Guerrero la brecha respecto a la distribución nacional se abre en la parte intermedia de la distribución.

Es decir, los trabajadores chiapanecos, sin importar en qué posición de la distribución de ingresos a nivel estatal se encuentren, siempre se encuentran en una posición inferior en la distribución nacional (y la diferencia es de cerca de 20 percentiles). Algo similar, pero en menor medida, ocurre con los trabajadores oaxaqueños. Esto es el reflejo del grado de pobreza en ambos estados y de la brecha que existe entre ellos y el resto del país en materia de ingresos. En el caso de Guerrero,  los trabajadores guerrerenses de menores ingresos tienen un ingreso similar al de los trabajadores de menores ingresos de todo el país. En cambio, los trabajadores guerrerenses de ingresos intermedios son más pobres que el resto de trabajadores de todo el país que se ubican en la parte media de la distribución. Este tipo de comportamiento no se captura si se observa solamente el comportamiento de los ingresos promedio.

El caso de Nuevo León y del D.F. es el contrario. El ingreso de los trabajadores de menores ingresos de ambos estados es mayor al de los trabajadores de menores ingresos de todo el país, por lo que ocupan una posición más alta en la distribución nacional que la que ocupan en la distribución estatal. En cambio, los trabajadores de mayores ingresos tienen un ingreso muy similar al de los trabajadores de mayor ingreso en todo el país.

Si se observa la evolución temporal, se puede notar el empobrecimiento relativo de los trabajadores tanto de Guerrero como del Distrito Federal. En el caso de Guerrero, en 2005 el  40% de menores ingresos dentro de los trabajadores tenía un ingreso igual al 40% de menores ingresos en la escala nacional. Para 2015, los trabajadores ubicados en el percentil 40 tenían un ingreso equivalente al del percentil 30 de la distribución nacional. En el caso del Distrito Federal, en 2005 los trabajadores del percentil 20 tenían un ingreso equivalente al del percentil 40 de la distribución nacional. Para 2015, el ingreso de los trabajadores del DF en el percentil 20 tiene un ingreso equivalente a los del percentil 30 en la distribución nacional.  En cambio, en el caso de Oaxaca se ha observado una mejora relativa en la parte baja de la distribución, si bien la misma no es espectacular. En 2005 los ingresos de los trabajadores en el percentil 20 de la distribución de ingresos estatal equivalían a los ingresos del percentil 10 en la distribución nacional.  En 2015, equivalen a los del percentil 14 de la distribución nacional.

Si bien el análisis aquí presentado no es del todo comparable al que se obtiene del análisis del PIB per cápita (para ello habría que incluir todas las fuentes de ingresos) si da un mejor panorama que un análisis que sólo considera las medias. Al desagregar el análisis se pueden apreciar  con mayor claridad las desigualdades que existen no sólo entre altos y bajos ingresos, sino aquellas que existen al interior de ambos conjuntos y como éstas tienen un carácter regional. Si bien sabemos que los estados del sureste mexicano son los más pobres, la pobreza en ellos no se distribuye de forma homogénea. Por poner el ejemplo más visible: los trabajadores de bajos ingresos de Guerrero están en una mejor situación que los trabajadores de bajos ingresos de Oaxaca o Chiapas. Este tipo de análisis es crucial si se quieren hacer políticas públicas a escala regional, pues da una idea sobre lo que puede ocurrir con otras variables como son los movimientos migratorios. La formulación de las Zonas Económicas Especiales (para un análisis sobre el tema ver aquí, aquí y acá) no debe partir sólo de un análisis de la desigualdad observada en las medias, debe de considerar las desigualdades que ocurren a lo largo de toda la distribución. De otra forma, puede que se termine con resultados sumamente diferentes a los esperados.