The Globalization of Inequality- Francois Bourguignon, Traducido por Thomas Scott-Railton, Princeton University Press $27.95 usd, 224pp.

Francois Bourguignon es un distinguido economista francés especializado en el análisis de la desigualdad a escala global. A lo largo de su carrera ha ocupado distintas posiciones tanto en la academia (Ex Director de la Escuela de Economía de París y profesor de la misma) como dentro de la política pública (Ex Economista en Jefe del Banco Mundial). Si bien el tema de la desigualdad entró a la discusión global a partir de la publicación del libro El Capital en el Siglo XXI de Thomas Piketty, en buena medida el trabajo de economistas como Bourguignon o Branko Milanovic constituye la base del conocimiento que actualmente tenemos sobre los niveles y los determinantes de la desigualdad en el mundo.

Este año, Bourguigno publicó el libro “The Globalization of Inequality”,  próximamente a ser publicado en español por el Fondo de Cultura de Económica, el cual constituye una breve lucida introducción a la desigualdad global. En el texto Bourguignon propone un marco global en el que sea posible entender como en un mismo planeta globalizado conviven países igualitarios como los Escandinavos y escandalosamente desiguales como los latinoamericanos. En particular, Bourguignon busca explicar el papel que ha jugado la globalización en dos dinámicas que parecen en principio contraponerse: una disminución en la desigualdad entre países y un incremento en la desigualdad dentro de los países. Es decir, el ingreso promedio de China se ha acercado al ingreso promedio de Estados Unidos, pero al interior de ambos países la desigualdad en la distribución de ingresos se ha incrementado.

Tal como lo pondría otro destacado académico como es Paul Collier, “La globalización ha liberado poderosas fuerzas;  algunas maravillosas, otras preocupantes”. Para Bourguignon, “las fuerzas maravillosas” se han manifestado en la convergencia en niveles de ingreso per cápita entre los distintos países, producto de una mayor movilidad del capital, de la generalización del comercio y de la gradual industrialización de países alrededor del mundo. Esto ha llevado que en algunos renglones como la esperanza de vida, estemos viviendo uno de los mejores momentos de la humanidad.

Por su parte, “las fuerzas preocupantes” de la globalización están la dinámica que ésta impone en los países en la búsqueda de hacerse más competitivos. Dicha dinámica consiste en que los países entran en “carreras hacia el abismo” en el sentido de que, con el fin de seguir siendo “competitivos” y atraer más inversión, se reducen las tasas impositivas al capital de forma sistemática, se contiene el crecimiento de los salarios, se desregulan sectores enteros, etc. Este tipo de medidas ha llevado a que la desigualdad al interior de los países se incremente.

De acuerdo a la tesis de Bourguignon, la globalización ha jugado un rol en el incremento de la desigualdad al interior de los países porque los principales beneficiarios de la globalización del comercio y el incremento de ganancias que involucra son los poseedores de capital. Por ejemplo, en los países en desarrollo la globalización ha contribuido a una mayor especialización en bienes cuya producción es intensiva en capital, lo que hace a ese factor de producción más escaso e incrementa el pago que recibe. Simultáneamente, al emplearse menos trabajo, se genera una presión hacia abajo en los salarios. Dado que la posesión del capital está más concentrada que la posesión del trabajo, esto genera un proceso de concentración de ingresos.

En algunos países, a estas tendencias se han contrapuesto otras provenientes de la política social, que mediante transferencias a los sectores más pobres de la sociedad han atemperado el efecto de la globalización. Sin embargo, en muchos casos estas políticas no han logrado revertir del todo las tendencias desigualadoras presentes en la globalización.

Una parte relevante del libro involucra la discusión sobre el trade-off entre eficiencia e igualdad. Muchas de las políticas redistributivas alrededor del mundo son criticadas empleando el argumento de la “eficiencia”, del que es ejemplo el siguiente: “Si se cobran más impuestos a los ricos esto hará que inviertan menos”. Este tipo de argumentos hacen que la discusión sobre política económica se encuadre en la disyuntiva entre una sociedad más rica o una sociedad más igualitaria, pretendiendo que eficiencia e igualdad son necesariamente mutuamente excluyentes.

En la mayor parte del mundo, y México no es la excepción, se privilegia la eficiencia, en la forma de reformas estructurales que mejoren la “competitividad” de los países. En muchas ocasiones estas reformas o políticas públicas han contribuido a ampliar las desigualdades y en muchos casos no han siquiera logrado mejoras en la eficiencia económica en los países.

En buena medida, este planteamiento de la discusión pública se debe a que se tiende a pensar que la única herramienta para disminuir la desigualdad es mediante el sistema tributario. Sin embargo, como bien apunta Bourguignon, existe otra serie de políticas que pueden ayudar simultáneamente a disminuir la desigualdad en la economía y a incrementar la eficienca. Ejemplo de este tipo de políticas es la eliminación de las rentas de monopolio, reduciendo la corrupción, incrementando el acceso a la educación, por tan sólo decir algunas. En ese sentido, el autor llama a buscar aquellas intervenciones de política que tengan esta propiedad, es decir, que incrementen la eficiencia y que disminuyan la desigualdad, dejando de lado los lugares comunes.

La “Globalización de la Desigualdad” es un libro que nos alerta sobre el delicado balance que existe entre las fuerzas que operan a todos los niveles en la economía. Apunta a que el crecimiento no es suficiente para generar sociedades más igualitarias, que éste debe ser inclusivo y que si no actuamos veremos con arrepentimiento como la desigualdad y sus consecuencias negativas dominan el proceso de globalización.

Al final tal y como el autor comenta en la entrevista que podrán ver a continuación, para cambiar las dinámicas que generan desigualdad económica y desigualdad política hace falta una voluntad política y más que eso, una voluntad colectiva.