Máximo Jaramillo Molina[1]

El discurso institucional en política económica mexicana de los últimos años utiliza hasta el cansancio el siguiente argumento: “Tenemos baja inflación. Los fundamentos macroeconómicos son estables”. Los salarios no se incrementan. No aumenta el poder adquisitivo. El crecimiento económico es bajo. Pero “tenemos baja inflación y los fundamentos son sólidos”. Los mensajes sobre economía de Peña y Carstens en todos los noticieros y periódicos se limitan a  decir, una y otra vez: ¡Los fundamentos son estables!

Y parte de esto es cierto. Tenemos “baja inflación”. Desde 2010, en 6 de cada 10 meses la inflación ha cumplido la meta de oscilar entre el 2% y 4%. De hecho, durante el mismo periodo de tiempo, el indicador subyacente (que excluye bienes de alta volatilidad como productos agropecuarios y energéticos) se ha mantenido casi siempre dentro de esta banda de inflación objetivo (sólo durante el primer trimestre de 2010 estuvo por encima del 4%).

Gráfica 1: Inflación interanual en México

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Fuente: Elaboración propia con datos de INEGI.

Pero, ¿por qué queremos baja inflación? La inflación es un indicador sumamente importante porque,  entre otras razones, nos interesa su efecto en el poder adquisitivo de los hogares en México. El poder adquisitivo es el resultado de dos componentes: ingresos y precios. Así pues, mantener baja la inflación es necesario para mantener el poder adquisitivo. Pero, por otro lado, no es suficiente.

En las crisis de décadas anteriores, el poder adquisitivo se veía erosionado por el trepidante incremento de precios, que no era seguido por aumentos similares en los salarios. Eso generó un gran deterioro en el poder adquisitivo de la población. Aún hoy, existe una asociación inmediata entre inflación y crisis económica en el imaginario de las personas.

Pero aún con el bajo nivel inflacionario registrado hasta diciembre de 2015, hay razones para estar pendientes de este indicador. El aumento de precios en las economías emergentes (debido, por lo menos, a factores como el fortalecimiento del dólar y la volatilidad del capital financiero, como lo analiza Kevin Sandoval aquí) es una situación que tiene alerta a muchos países (en especial sus bancos centrales) alrededor del mundo, en especial a Rusia, Brasil y Turquía (ver gráfica 2).

Gráfica 2: Inflación General Anual en Economías Avanzadas y Emergentes

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Fuente: Banxico. Informe trimestral. Julio – Septiembre 2015.

En cambio, la situación de los países emergentes es contrastante con la de los países con “economías avanzadas”. En estos, existe un alto riesgo de deflación, situación que ha llevado a los bancos centrales de estos países a establecer “tasas de interés negativas”, lo que quiere decir que “penalizan la creación de reservas”, con el objetivo de incentivar el consumo y la inversión. Como señala bien este artículo de Ampudia, los bancos centrales y las autoridades de estos países ignoran (o no quieren darse cuenta) que el dinero ocioso y la situación de exceso de liquidez en la que se encuentran es resultado de la alta concentración del ingreso.

Gráfica 3: Tasas de política monetaria en Economías Avanzadas y Emergentes.

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Fuente: Banxico. Informe trimestral. Julio – Septiembre 2015.

Al observar la situación mundial, en donde el riesgo de deflación en las economías avanzadas está presente a la par de existir de fuertes incrementos inflacionarios en los países emergentes, surge una pregunta importante: ¿Es la inflación actual en México una muestra del buen rumbo de la economía del país? ¿Este indicador, el orgullo de Peña y de Carstens, es realmente para presumirse? Más específicamente: ¿El nivel de inflación en México se asocia positivamente con un mayor poder adquisitivo y bienestar en la población?

Para responder a esta última pregunta, a continuación se analiza con mayor profundidad la inflación de México y su relación con el poder adquisitivo de los hogares en México desde dos puntos importantes: 1) El efecto diferenciado de la inflación en los hogares por quintiles de ingreso, y 2) El efecto de las asimetrías en el traspaso inflacionario.

Efecto diferenciado de la inflación en los hogares según quintil de ingreso.

La inflación promedio según indica el INPC, afecta de manera diferenciada a los hogares en México. Esto debido a las diferencias en la estructura de gasto de los hogares. Esto quiere decir, que, algunos hogares gastan más en alimentos (del total de su gasto), mientras que otros gastan más en transporte, por ejemplo. Veamos esto con profundidad.

El cálculo del INPC se hace con base en una serie de ponderadores que el INEGI calcula con base en la Encuesta de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH). Como se puede observar en el siguiente cuadro, se asigna rubro de alimentos un 23% de contribución al índice, 28% al de vivienda y 13% al transporte.

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Fuente: INEGI, 2013.

Pero estos ponderadores, por tratarse de promedios para el total de la población, subestiman (y sobreestiman) la inflación para diferentes grupos de la población debido a las diferencias en sus estructuras de consumo. La mejor forma de ejemplificar esto, es observando el porcentaje que los alimentos ocupan del total del gasto del hogar. Para el 20% más pobre de los hogares en México (quintil I), el gasto en alimentos representa 5 de cada 10 pesos gastados. En contraste con esto, el quintil V (el más rico), los alimentos representan tan solo el 26% del total de gastos.

Gráfica 4: Estructura de gasto por quintiles (2014)

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Fuente: Elaboración propia, con base en ENIGH (2014).

Lo anterior implica que al utilizar ponderadores promedio para el total de la población, quedan ocultas las diferencias en el impacto que los incrementos de precios de los diferentes bienes y servicios pueden tener en los hogares en México. Al observar la diferencia entre los ponderadores del INPC y la estructura de gasto por quintiles, es posible darse cuenta, por ejemplo, que hay una subestimación del efecto que tiene el incremento en el precio de los alimentos sobre los hogares más pobres de México (49% en su estructura de gasto, frente a 23% del ponderador).

Con base la estructura de gasto, es posible estimar la dinámica de la inflación de los diferentes quintiles de hogares durante los últimos 10 años (cuadro 2). Según este cálculo, en la mayoría de los años la inflación habría sido mayor para el quintil más pobre, frente a la del quintil más rico. Esta diferencia llegó a 0.80 y 0.71 puntos porcentuales durante 2008 y 2009 y más recientemente, de 0.74 en 2012. De hecho, las diferencias entre ambos grupos de la población, tomando en cuenta la inflación acumulada entre 2006 y 2015, llega a 4.78%. Es decir, en un plazo de diez años, el poder adquisitivo del quintil I de la población se ha visto disminuido 5% más comparado con el del quintil V. Y esto es algo que por construcción el INPC no alcanza a mostrar.

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Fuente: Elaboración propia, con base en ENIGH (2014) e INEGI.

 

El efecto de las asimetrías en el traspaso inflacionario.

En diversas investigaciones se ha comprobado la existencia de las llamadas “Asimetrías en el traspaso inflacionario”. Pensemos en un ejemplo que ilustre dichas asimetrías: Ante un aumento en el precio del maíz para los productores, estos deciden traspasar esta inflación hacia los consumidores, incrementando el precio final de venta, por lo que los que terminan absorbiendo este incremento son los hogares. La asimetría se da cuando, a diferencia de lo anterior, ante una disminución en el precio del maíz para los productores, estos no traspasan dicha disminución, y se ven beneficiados de ganancias extras. Es fácil pensar que estas asimetrías en el traspaso inflacionario son más frecuentes en mercados dominados por una o varias empresas, debido a que en competencia perfecta, una disminución en los precios para el productor llevaría a consecuentes disminuciones en el precio para el consumidor.

En el caso hipotético en que hubiera un traspaso inflacionario sin asimetrías, salvando las diferencias en los ponderadores, la dinámica del INPC y el INPP (índice nacional de precios al productor) sería similar. Pero esto no sucede en México. Por ejemplo, en la gráfica 5 es posible observar cómo el incremento del INPP durante la crisis económica se vio seguido del incremento en el INPC (seguido de una disminución en ambos, con un retraso de 5 meses para el INPC). A diferencia de lo anterior, durante la caída en los precios del INPP durante 2013 y 2014, el índice para los consumidores se mantuvo con la misma tendencia que tenía anteriormente. Lo anterior parece indicar la existencia de asimetrías en el traspaso inflacionario en México. Profundicemos más en esta hipótesis.

 

Gráfica 5: Índice de precios para el consumidor y productor.

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Fuente: Elaboración propia con datos de INEGI.

Siguiendo algunos bienes en específico, es posible explorar la existencia de dichas asimetrías de una manera más formal. Tomemos por ejemplo nuevamente al gasto en alimentos, debido a las marcadas diferencias entre los diferentes quintiles de hogares. El Banco de México (2015) encontró 41 productos alimenticios en los cuales existieron asimetrías durante el periodo 2006-2014. Luego, calcularon estimaciones donde muestran que, de no existir dichas asimetrías, la inflación anual habría sido 0.13 puntos porcentuales más baja.

Pero estas asimetrías en el traspaso inflacionario no afectan por igual a todos los hogares. Estos 41 productos representan casi la mitad del gasto en alimentos para el quintil con ingresos más bajos, y alrededor de un tercio para el quintil más rico. Desde aquí es posible vislumbrar los resultados diferenciados: Sin estas asimetrías, los que se verían más beneficiados serían los hogares más pobres del país.

Gráfica 6: Proporción del gasto de los hogares urbanos destinado a alimentos.

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Fuente: Banxico. Informe trimestral. Abril – Junio 2015.

De hecho, bajo el supuesto en que no hubiera asimetrías en el traspaso inflacionario, el quintil de hogares con menores ingresos de México se vería beneficiado con un aumento de $686 pesos en su poder adquisitivo, para 2014. Con este aumento, habría 1.73 millones de personas menos en situación de pobreza alimentaria.

Gráfica 7: Cambio en la pobreza alimentaria en zonas urbanas derivado de la eliminación de Asimetrías, 2014.

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Fuente: Banxico. Informe trimestral. Abril – Junio 2015.

En conclusión, no basta decir que el nivel de inflación es bajo, y que esto sea suficiente para estar convencidos del buen rumbo de la política económica en el país. Si bien el nivel de inflación actual parece bajo, realmente es más alto para los hogares de lo que sería en caso de que no hubiera asimetrías en el traspaso inflacionario. Además, lo anterior es todavía más grave para los hogares más pobres.

Ante la situación global de incertidumbre económica, la depreciación del peso y el riesgo de crisis económica, es posible pensar en un escenario en donde la inflación suba durante los siguientes meses. Ya hemos revisado que la dinámica actual de la inflación tiene un efecto más duro en el poder adquisitivo de los hogares más pobres. En caso de que lleguen a subir los precios de manera significativa, ¿Quién se vería más afectado? ¿Sería nuevamente los más de menos ingresos? Puede que lo descubramos (confirmemos) pronto.


[1] Estudiante de doctorado en Ciencia Social por El Colegio de México y economista y maestro en ciencias sociales por la Universidad de Guadalajara. Interesado en temas relacionados con desigualdad, política social y pobreza. Twitter: @majm34