Todos aquellos que disfrutamos de un par de temporadas capítulos en Netflix de vez en cuando estamos al tanto de las diferentes maneras de burlar la ubicación geográfica en la que nos encontramos para acceder a contenido que no está disponible en nuestro país. Pero a principios de este año, el sistema de streaming, que ahora está disponible en 190 países, anunció que restringiría la posibilidad de que los usuarios utilicen “proxys o unblockers” para acceder a películas y series de TV que pertenezcan al catálogo ofertado en otro país.

A simple vista, parece que se trata de un tema de proporciones legales, comerciales y si acaso, tecnológicas. Pero este tipo de políticas tienen un impacto importante en nuestra cultura y en la forma en la que entendemos el mundo. Tal vez la relación entre las normas de uso de Netflix y la cosmovisión de una sociedad no sea tan evidente, sin embargo, existe una tendencia de las relaciones internacionales que puede ayudarnos a entenderla.

El choque de civilizaciones

Se trata de la visión de Samuel P. Huntington, quien sugirió en su libro “El choque de las civilizaciones” que el futuro de las relaciones entre Estados, está destinada a reducirse al enfrentamiento de las distintas culturas del mundo, debido a una incapacidad de los individuos de reconocer a otros (con culturas distintas) como sus iguales y de adaptarse a las diferencias que existen entre los diversos estilos de vida de las civilizaciones del mundo (Huntington, S., 1996)

El pensamiento de Hungtinton expone que los Estados súper poderosos, que alguna vez determinaron la polaridad o bipolaridad del mundo, perderán su legitimidad, hasta que dejen de ostentar el poder y éste quede en manos de las civilizaciones. Una civilización puede trascender las fronteras de un país y sus fundamentos se encuentran en la cultura con la que se identifican sus integrantes. Para Huntington la civilización es “el mayor ‘nosotros’ dentro del cual nos sentimos como en casa, a diferencia de los ‘otros’ que hay en el mundo” (1996).

La tecnología actual es inadecuada

Aunque la tecnología ha sido un componente elemental de las relaciones internacionales en los últimos años, sin el cual los movimientos sociales de protesta-como la primavera árabe-no habrían sucedido y aunque se ha entendido que las redes sociales, como Facebook y Twitter, son herramientas que han acercado a los individuo en sus luchas comunes, aún existen matices de la identidad cultural que las tecnologías actuales no han logrado comprender.

La negativa de Netflix para que sus clientes puedan consumir el contenido de otros países es solo un ejemplo, pero en realidad estamos rodeados de estas limitaciones culturales. La biblioteca de iTunes es considerablemente distinta para los usuarios de diversos países, Spotify también bloquea canciones y álbumes de manera regional y aunque parezca simple, los correctores ortográficos de los celulares parecen no poder lidiar con un usuario que habla en más de un idioma en sus conversaciones.

Al mismo tiempo que pasa esto, el mundo se enfrenta a movimientos migratorios sin precedente, a posibilidades de transportación y comunicación que aceleran el intercambio de información y que facilitan el acceso a conocimiento que antes no estaba a nuestro alcance.

Es decir, en el mundo hay millones de personas que buscan información acerca de una cultura distinta a la suya o producida por una civilización que no es la suya, pero se encuentra ante obstáculos erigidos por las instituciones que pretenden ser el vínculo tecnológico que une a millones de personas a nivel mundial.

¿Cuál es la relación con el choque de civilizaciones?

De acuerdo a Huntington, el tema más álgido para la política internacional durante el final del siglo XX y el inicio del XXI, serían los conflictos entre civilizaciones. La actualidad nos muestra que efectivamente hay civilizaciones distintas, forzadas a convivir en el mismo espacio. La crisis migratoria en Europa y el Medio Oriente es un buen ejemplo de esta realidad.

Quizás, si las herramientas tecnológicas que se jactan de acercar a los ciudadanos del mundo, eliminaran las barreras “geográficas” que determinan que un canadiense no puede disfrutar y aprender de películas sudafricanas o que un mexicano no puede escuchar música japonesa, estaríamos mejor documentados sobre la cultura de otras civilizaciones y más dispuestos a encontrarnos sin recurrir al conflicto.

A pesar de que Huntington basa su pensamiento en la teoría realista y expone que las posibilidades de evadir el choque de civilizaciones son pocas, también dice que la única manera de evitarlo sería “darle un carácter de ‘múltiples civilizaciones’ a la política internacional” (1996). Netflix y Spotify no son Estados, pero ciertamente son jugadores en un escenario mundial en el que tienen la legitimidad para generar cambio, como ya lo hemos visto con Facebook y Twitter. Tal vez la ONU y los tratados internacionales no consideren a las multinacionales tecnológicas que han cautivado a millones de personas, pero eso no limita su capacidad de ser jugadores activos y efectivos de la política internacional.

En pocas palabras: mientras sigamos dejando de conocer al otro, porque hay un obstáculo informático frente a nosotros, el choque de civilizaciones se volverá cada vez más real y estará cada vez más cerca. Pero ¿nos vamos a resignar a que ese sea el futuro del mundo?

Referencias

Fullagar, D. (2016). Evolving Proxy Detection as a Global Service. Netfliz Media Center. URL: https://media.netflix.com/en/company-blog/evolving-proxy-detection-as-a-global-service

Huntington, S. (1996). The Clash of Civilizations and the Remaking of the World Order. Simon & Schuter Paperbacks. Nueva York, pp. 367.