Por: Adrián Meza Holguín*

En el marco de la transición demográfica por la que atraviesa México, las tasas globales de fecundidad (TGF) se han reducido de forma significativa, pasando de 6.7 hijos por mujer en 1970 a 2.2 hijos por mujer en 2014. Diversos factores pueden atribuirse a este descenso, desde las transformaciones económicas y socioculturales, hasta la exitosa política de población de 1974.

Sin embargo, hoy en día, a pesar de que los niveles de fecundidad son mucho más bajos en promedio, aún existen diversos sectores de la población que mantienen su fecundidad relativamente alta e incluso en ascenso. Al respecto, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID), el embarazo adolescente tuvo un repunte en los últimos años, pasando de 70.9 a 77.0 nacimientos por cada mil mujeres entre 2009 y 2014.

Sin duda alguna este aumento es motivo de alerta, puesto que la fecundidad en este grupo de edad (15-19 años) es un reflejo de que una parte importante de jóvenes no tienen opciones de desarrollo personal y optan por comportamientos tradicionales, tales como la unión y el embarazo a edades tempranas. Lo anterior puede traer consecuencias negativas, tanto en aspectos de salud como de desarrollo individual y familiar. A menor edad a la que se embaraza una joven existen mayores riesgos en la salud materno-infantil (mayor mortalidad, bajo peso del recién nacido, etc.).

Por otro lado, este fenómeno puede ser motivar la deserción escolar, lo cual afecta las posibilidades de encontrar un empleo mejor remunerado en el futuro, truncando así el desarrollo de las jóvenes, aumentando el riesgo de caer en pobreza y posiblemente reproduciendo este patrón de forma intergeneracional.

Las altas tasas de fecundidad en general pueden ser un indicador de desigualdad, puesto que, en promedio, las mujeres con los niveles más altos suelen tener menor escolaridad, bajos ingresos y viven en localidades rurales, mientras que las que tienen menores niveles de fecundidad cuentan mayor escolaridad, mejores ingresos y viven en áreas urbanas.

En este sentido, a pesar de que el Consejo Nacional de Población (CONAPO) proyectó un descenso de la fecundidad adolescente de 68.1 a 66.3 nacimientos por cada mil mujeres entre 2009 y 2014, en realidad hubo un aumento  en el mismo periodo (Ver Gráfico 1).

Gráfico 1.Tasa Específica de Fecundidad 15-19 años

enadid

Fuente: Elaboración propia con base en ENADID y proyecciones de CONAPO

Diversas hipótesis se pueden derivar de este hecho. Por un lado, se puede atribuir este fenómeno a que durante el sexenio pasado se dejó de atender este problema de manera proactiva, al ser insuficientes los esfuerzos para proporcionar información y acceso a métodos anticonceptivos para adolescentes.

Por otro lado, la ENADID registró que la edad mediana a la primera relación sexual ha disminuido de 19 a 18 años entre 2009 y 2014, por lo tanto, las adolescentes inician su vida sexual más rápido, lo cual es un determinante próximos que podría incrementar su riesgo de embarazo en ausencia de uso de métodos anticonceptivos.

Otra hipótesis, de carácter más estructural, tiene que ver con las condiciones económicas por las que atraviesa el país. Si se sabe que los niveles altos de fecundidad se asocian con bajos niveles de escolaridad y ocurre con mayor frecuencia en los estratos socioeconómicos más desfavorecidos, entonces el aumento de la pobreza y la desigualdad que se registró en los últimos años podría ser un reflejo del incremento del embarazo adolescente.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), el porcentaje de población en pobreza aumentó de 45.5% a 46.2% entre 2012 y 2014. En términos absolutos esto representó un incremento de aproximadamente 2.0 millones de personas en pobreza.

Por otro lado, en un estudio reciente de Esquivel (2015), se destaca que hubo una disminución de la desigualdad entre 1995 y 2010 pero hubo un aumento de ésta entre 2010 y 2012. No obstante, mediante una reestimación ajustada del porcentaje del ingreso correspondiente al decil más alto, se demuestra que en realidad éste ha tenido una tendencia creciente, llegando a concentrar alrededor del 60% del ingreso en los últimos años. Es decir, que ha aumentado la desigualdad en la distribución del ingreso en general, lo cual podría tener un impacto en la disminución de oportunidades para una gran parte de la población en edades jóvenes.

Si a lo anterior se le suma el hecho de que en el mercado de trabajo los jóvenes se enfrentan a condiciones laborales adversas con empleos precarios y tasas de desempleo de alrededor del 9% o 10% (OCDE, 2014), entonces se podría pensar en que toda esta interrelación de factores podrían explicar en mayor o menor medida el aumento de la fecundidad adolescente.

Por lo tanto, se necesitan implementar a la brevedad medidas focalizadas e integrales, tales como la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo Adolescente puesta en marcha recientemente por el Gobierno Federal. Sin embargo considero que mientras los jóvenes se sigan enfrentando a escenarios poco favorables en materia de desarrollo personal, económico y social, será complicado tener éxito con esta problemática.

El embarazo adolescente es un indicador más que muestra las brechas de la desigualdad que persisten en México, por lo tanto es imperativo trabajar en políticas que aseguren la igualdad de oportunidades, no sólo proporcionando mayor información y acceso sin barreras a métodos anticonceptivos, sino también a través de una educación de calidad y con mejores condiciones de desarrollo para todos.

*Adrián Meza Holguín es estudiante de la maestría en demografía de El Colegio de México.

Referencias:

CONAPO (2010).  Estimaciones y proyecciones de la población  1990-2010 y 2010-2050.

CONEVAL  (2014). Resultados de la medición de la pobreza 2014. Recuperado de:  http://www.coneval.gob.mx/SalaPrensa/Documents/Comunicado005_Medicion_pobreza_2014.pdf

Esquivel, G. (2015). Desigualdad extrema en México: concentración del poder económico y político. Reporte de Oxfam México23.

INEGI  (1993, 1997, 2009 y 2014). Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica.

OCDE 2014 en El Universal 13/01/2015. México entre los países de la OCDE con menor desempleo.  Recuperado de: http://archivo.eluniversal.com.mx/finanzas-cartera/2015/mexico-desempleo-1068308.html