Dalia Cristerna Román[1]

Vasili Kandinsky nos habla, en su libro De lo espiritual en el arte, del poder pictórico de los sonidos: “En su representación musical, el azul claro correspondería a una flauta, el oscuro a los maravillosos tonos del contrabajo; el sonido del azul en una forma profunda y solemne es comparable al de un órgano”. Con esta idea inicial es fácil comprender la misión interdisciplinaria de El arte de la música, la nueva exposición que presenta el Museo del Palacio de Bellas Artes en colaboración con el Museo de Arte de San Diego.

En la compilación de más de cien piezas artísticas —pinturas, esculturas, videos, fotografías, instrumentos musicales y una instalación— se encuentran reunidos grandes artistas como Dalí, Matisse, Toulouse-Lautrec y Kandinsky, quienes invitan a los espectadores a concentrarse en un juego de conjunción de lenguajes artísticos. En ese sentido, la música, como elemento cultural, está estrechamente relacionado con todos los que formamos parte de la sociedad y, precisamente por lo anterior, la intención de esta muestra es acercar trabajos artísticos ligados o influidos por la misma a la mayor cantidad de público posible. Lograr que los visitantes intimen con las obras y perciban la ruptura de lo estático plástico es la motivación principal de este catálogo. Estamos acostumbrados a conocer vestigios prehispánicos de forma lejana, tras un cristal, sin sentir su textura, peso y, en ocasiones, utilidad, esta exposición crea un acoplamiento sustancial: sobre la vitrina donde se muestran piezas prehispánicas hay una campana que emite los sonidos de cada instrumento. Se trata, sobre todo, de un trabajo que se propone el placer de la experiencia artística mediante la vista y el oído en conjunto.

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John Baldessari, La trompeta de Beethoven (con oreja). Opus 127, 2007. ©Produced by Beyer Projects Edition of 6.

El criterio de montaje de las obras es temático: comienza con Motivos, espacio en donde conviven arte grecorromano y prehispánico así como la influencia de ambos en el desarrollo de la historia de la música en general; continúa con Música social, que destaca la importancia de las interpretaciones musicales en los sucesos de carácter privado y colectivo como festividades y rituales; y, finalmente, está Formas musicales, cuya propuesta es ponderar la visión que el arte plástico ha brindado a la abstracción de estructuras sonoras. En cada núcleo es fundamental dejar de lado la idea estricta de cronología en el arte, puesto que podemos encontrar pinturas de la India frente a un óleo de Oskar Fischinger y éstos estar ligados por cuestiones significativas dentro de las piezas mismas, no necesariamente por su devenir histórico.

Durante la exposición, los espectadores tienen la tarea de avenir cada una de las muestras sonoras con la representación visual que la acompaña. Mediante este ejercicio de sensaciones, se logra asociar las composiciones, de tal manera que es posible hacerlas interactuar emotiva y cognitivamente. Por ejemplo, algunas de las pinturas que representan situaciones sociales cotidianas en las que la música no sólo es imprescindible sino protagonista del momento, están acompañadas de elementos fónicos integrados por sones oaxaqueños. La transposición de elementos geográficos, ideológicos y culturales resultan inevitablemente en una conexión íntima con las representaciones.

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Juan Rulfo, Instrumentos musicales y espectadores en Tlahuitoltepec, 1955.

A diferencia de la selección planeada por el Museo de Arte de San Diego, el Museo del Palacio quiso empatar al público con obras que presentaran relación cercana con el ideario mexicano. Esto es notable, por ejemplo, con la presencia de fotografías de Juan Rulfo y un mural imperdible de José Clemente Orozco.

La intención multifacética de la exhibición no se queda sólo en la sala del museo: existe también un programa de actividades que integran teatro y danza, una muestra cinematográfica que se llevará a cabo en la Cineteca Nacional (avenida México Coyoacán 389, colonia Xoco, delegación Benito Juárez) del 12 al 24 de abril y una serie de conciertos, así como listas de reproducción recopiladas en Spotify a cargo de varios artistas que pueden ser descargadas en el perfil del Museo (mbellasartes). La exposición formará parte de la cartelera cultural de la CDMX hasta el 5 de junio de 2016.


[1] Dalia Cristerna Román (Ciudad de México, 1994) estudia Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Entre sus intereses particulares se encuentran los estudios lingüísticos y culturales, la música, la danza y la fotografía.