Máximo Jaramillo Molina*

Es común escuchar en diversos lugares como el lugar trabajo, la escuela, la comida familiar, o hasta en medios de comunicación, comentarios que aluden a la “cultura del esfuerzo” y la relación de esta con las probabilidades de tener “éxito en la vida”. Muchos libros de auto-superación, y/o “emprendimiento” se basan en el precepto que dice: “El que quiere, puede”. Para esta perspectiva, la riqueza puede ser un premio al esfuerzo, a la constancia, la disciplina o la innovación. El presente año, el conductor de una cadena televisiva, Raúl Araiza, lo sintetizo perfectamente: “Que le chinguen más”.

Pero no sólo los libros como “Padre rico, padre pobre” hablan de esta explicación para la riqueza. El enfoque del capital humano, primordial para organismos internacionales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, es fundamento para muchas políticas económicas y sociales en un gran número de países. ¿Por qué? Porque comparten esta visión individualista y de la cultura del esfuerzo para explicar el bienestar y riqueza de las personas. Bajo este precepto, la pobreza es resultado de la carencia en capacidades individuales y del bajo nivel de esfuerzo. Es por eso que dichos organismos recomiendan políticas sociales que “aumentan el capital humano” de los hogares definidos como pobres (debido a que identifican la carencia de dicho capital como la causa de su situación de pobreza) e imponen condicionalidades para garantizar que estos hogares inviertan “correctamente” los recursos otorgados. En otras palabras, se señala al sujeto como el responsable por su situación de pobreza.

La anterior perspectiva “individualista” es sólo un punto de vista de muchos posibles. De hecho, son diferentes las imágenes que la sociedad mexicana tiene sobre la pobreza. Algunas personas piensan que ser pobre es “no tener para comer”, mientras que otros piensan que es “no tener casa” o no tener empleo”. Aún más interesantes, son las representaciones sobre las causas de la pobreza: ¿Por qué hay personas pobres? Las respuestas van desde: “Es la voluntad de Dios”, hasta “los pobres no trabajan lo suficiente”, pasando por “el gobierno no funciona bien”. Estas percepciones se encuentran vinculadas con una “respuesta” a las acciones necesarias para acabar con la pobreza, y en general, una opinión sobre la política social y el modelo de justicia social legítimo. Dicho de otra manera, existe una relación entre la percepción de la pobreza y la legitimidad del modelo de justicia social que predomina en la sociedad mexicana.

El objetivo de este ensayo es identificar cuáles son las percepciones sobre la pobreza y el modelo de justicia social más frecuentes, y qué factores explican las diferencias en dichas respuestas. En la primera parte se trata el tema de las representaciones de la pobreza y sus casusas. Luego, en la siguiente parte, se analizan algunas percepciones concernientes a la responsabilidad sobre los problemas sociales y la valoración de la política social, además del estigma con el que se etiqueta a los beneficiarios de programas de política social. Luego se proponen tres tipos ideales de representaciones de la pobreza y la justicia social (basados en lo encontrado en el análisis y en bibliografía sobre el tema): el individualista, el fatalista y el estructural. Al final se hacen algunos comentarios a manera de conclusiones y cierre, en donde se resalta la importancia de estas representaciones para la legitimidad del modelo de justicia social y de los programas de política social.

1.- ¿Qué es y porqué existe la pobreza?[i]

Primero hablemos de las representaciones de la pobreza mediante la pregunta: “¿Qué es ser pobre?”. El 39% de los mexicanos menciona que ser pobre es “no tener recursos para salir adelante”, seguido de “no tener para comer” con el 31%.

Estas respuestas se vuelven más interesantes al relacionarlas con otras variables. Por ejemplo, hay una relación importante entre las imágenes de la pobreza y el estrato socioeconómico[ii]. Son interesantes cuando menos tres diferencias por estrato: 1) el estrato bajo es el que le da mayor importancia a “no tener empleo” como sinónimo de pobreza, 2) los integrantes del estrato alto son los que menos relacionan pobreza con “no tener servicios médicos” y 3) la pobreza como la falta de recursos para salir adelante y la carencia de vivienda propia, es más frecuente en el estrato medio.

De manera paralela, se preguntó a las personas sobre qué era para ellos la pobreza extrema. Curiosamente, quienes le dan menor importancia a “no tener ni para comida” son las personas que no tienen ningún nivel de estudios completados. Así, tomando en conjunto estas respuestas sobre pobreza extrema y las de pobreza, vemos que para el estrato bajo el hecho de no tener para comer es claramente un síntoma de pobreza, más no en una forma extrema, lo que tal vez puede deberse a qué estén más familiarizados con una situación de inseguridad alimentaria.

También llama la atención en este punto, el porcentaje de las respuestas en las que el estrato alto representa la pobreza extrema con “no tener lo indispensable para vivir como humano” (16% del estrato alto mencionó esta respuesta, frente a 10% del resto de los estratos). Esto muestra que las personas del estrato alto piensan la pobreza extrema como una situación más allá del límite de lo humanamente posible, y al mismo tiempo, delinea una frontera simbólica de amplia lejanía entre la situación propia y la de los pobres extremos. De hecho, ya algunas investigaciones (Bayón, 2013 y 2015; Bayón y Saraví, 2013) han señalado la amplitud de las distancias con “el otro social” para la clase alta y media alta en México.

Ahora pasemos a las razones que las personas atribuyen a la existencia de la pobreza. Es importante mencionar que son tres explicaciones las que dominan 8 de cada 10 respuestas a la percepción sobre las causas de la pobreza[iii]: 1) El gobierno no funciona bien (33% de total), 2) Los pobres no trabajan lo suficiente (28%) y 3) En el mundo siempre hay pobres y ricos (23%). Justo cada una de estas respuestas apunta a categorías o ejes con los que se puede analizar las imágenes sobre las causas de la pobreza. Como menciona Banegas (2015)[iv], las respuestas que a continuación se presentan pueden ser clasificadas en dos grandes grupos: factores internos y externos, mientras que este último grupo de factores a su vez puede ser desagregado en estructurales y fatalistas[v].

Analizar las causas que explican la pobreza según estrato socioeconómico es muy ilustrador. El estrato más alto es quien culpa en mayor medida al gobierno y, junto con el estrato más bajo, son los que más atribuyen responsabilidad a las causas estructurales. Por su parte, destaca la importancia que los estratos medios le dan a causas fatalistas, en particular a “En el mundo siempre hay ricos y pobres”, razón suficiente para desactivar todo intento por incidir en la disminución de la desigualdad; dicho de otra manera, denota una naturalización plena de la permanencia y reproducción de la desigualdad.

Llama la atención cómo es que los estratos más bajos son los que más mencionan razones individualistas para explicar la pobreza, es decir, que los pobres no trabajan lo suficiente y que no se ayudan entre ellos. Pero ¿por qué las personas que (podríamos decir) están más cerca de ser pobres, son los que más explican la pobreza por razones individualistas? ¿Qué es lo que hace que los pobres se auto-estigmaticen y reproduzcan los discursos que fundamentan diversas políticas sociales de ataque a la pobreza? El análisis de la clase social subjetiva puede ayudar a esbozar explicaciones al respecto.

Diversos estudios (por ejemplo Engelhardt y Wagener [2014], López Calva et. al. [2004] y Cruces et. al. [2011]) han encontrado respuestas para la paradoja del “pobre que estigmatiza la pobreza” utilizando como variable de análisis a la clase social subjetiva[vi]. La posición socioeconómica en la que el sujeto cree encontrarse, se relaciona con su juicio sobre la pobreza, la desigualdad y en general respecto del modelo de justicia social que reproduce.

En este caso, si analizamos los factores que explican la pobreza a la luz de la clase social subjetiva, vemos que los entrevistados que se auto-denominan de clase baja, no hacen propia la explicación individualista de la pobreza, de hecho las respuestas individualistas se vuelven las menos frecuentes, y optan más por la explicación estructural. En cambio, los que se consideran de clase media alta y alta son los que más relacionan la pobreza con factores individualistas como “no trabajar lo suficiente”, y, al mismo tiempo, son los que más desestiman la explicación estructural.

Los resultados anteriores indican que, si bien las personas de estrato bajo parecen reproducir una atribución individualista a su pobreza, esto tiene que ver con que ellos (los que reproducen el discurso) no se consideran de clase baja, sino que creen ubicarse en la clase media[vii]. La clase social en la que perciben pertenecer se relaciona con la apropiación (o reproducción) del discurso individualista, de la determinación del éxito o la pobreza por el esfuerzo, el trabajo y la dedicación.

2.- Cómo acabar con la pobreza según el punto de vista de los mexicanos.

Para entender de manera más profunda cuál es el modelo de justicia social que prevalece para los mexicanos, no es suficiente con observar las representaciones de la pobreza y sus causas, ya que es necesario analizar las percepciones sobre cómo atacar la pobreza y la valoración del carácter de la política social y el modelo de justicia social en el país. Claramente, este espacio no es suficiente para realizar un análisis detallado de cada una de estas variables[viii]. Por eso, se presenta un resumen de este análisis, y se pasa a la propuesta de tipos ideales de representaciones de la pobreza y la justicia social.

  • ¿Quién es el responsable de los problemas sociales?: encontramos que 1 de cada 2 respuestas señalan al gobierno, mientras que 1 de cada 3 a toda la sociedad y 12% a “las personas que no quieren trabajar”. En este caso, son las personas de estrato alto las que más culpan a los que no quieren trabajar y a toda la sociedad. En el otro extremo se encuentran las personas de estrato bajo, las cuales son las que más frecuentemente culpan a los empresarios y al gobierno, en términos relativos.
  • ¿Cómo acabar con la pobreza?: Se pueden agrupar las percepciones sobre esta pregunta en tres grandes perspectivas sobre cómo acabar con la pobreza: 1) Mayor desarrollo económico[ix], 2) Mayor eficiencia en el gobierno[x], y 3) Política redistributiva[xi]. La mayoría de las personas piensan que con mayor desarrollo económico se podrá acabar con la pobreza (63% del total). A su vez, es resaltable el hecho de que sólo el 15% de las personas perciban a la “vía directa para acabar la pobreza” como la más eficiente[xii] (es decir, mediante política redistributiva que directamente redistribuya y transfiera dinero a los pobres).

Por estrato socioeconómico (objetivo), hay tres relaciones fácilmente identificables: 1) El estrato alto es el que piensa más frecuentemente que la pobreza puede acabarse con mayor eficiencia del gobierno, 2) el estrato medio, por su parte, piensa que la respuesta es la política redistributiva, mientras que 3) el estrato bajo percibe que es el desarrollo económico la forma de terminar con la pobreza.

  • Estigmatización: Una vez que hemos visto que, en general, es bajo el apoyo a la política redistributiva como una vía para acabar con la pobreza, se vuelve interesante preguntarse: ¿Cuál es la valoración de los mexicanos respecto de las personas que son beneficiarias de programas sociales? Esto lleva inevitablemente a la cuestión referente a la estigmatización del beneficiario o del pobre que, después de años de apoyos, “sigue siendo pobre y recibiendo apoyos gubernamentales”.

Para lo anterior, se tomó la pregunta: “¿Qué tan cierto es que los programas sociales de ataque a la pobreza acostumbran a la gente a no trabajar lo suficiente?”. Las respuestas por sí mismas ya son interesantes: 6 de cada 10 mexicanos dicen que esto es “cierto” o “totalmente cierto”. Además, como hasta este punto del ensayo ya nos podemos imaginar, estas diferencias están asociadas estrechamente con el estrato social: Son las personas del estrato alto las que más frecuentemente colocan un estigma a los receptores de política social y piensan que estos programas acostumbran a la gente a no trabajar.

3.- El modelo de justicia social según los mexicanos

Es posible señalar algunas reflexiones finales y un primer intento de “tipos ideales” sobre los diversos puntos de vista de los mexicanos respecto del modelo de justicia social. Esta categorización ideal se hizo con base en la revisión bibliográfica relacionada con el tema[xiii], además del análisis de diversas variables, ya mostrado al momento. Se proponen tres grupos de percepciones  de la pobreza y justicia social, grupos cuyo nombre proviene de los factores que explican la pobreza (es decir, individualistas, estructurales y fatalistas). Un resumen de sus características se presenta en la tabla  siguiente.

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De los tres tipos ideales de representaciones que hemos formado, comencemos por el que es más frecuente[xiv]: la perspectiva fatalista. Como el nombre de la categoría lo señala, se percibe la pobreza desde un punto de vista fatalista: es algo constante en las sociedades, que siempre existirá, o “la voluntad de Dios”. Para estas personas y su representación sociocultural, toda la sociedad es responsable de los problemas sociales.

Paradójicamente, o tal vez debido a la percepción anterior sobre la responsabilidad de toda la sociedad, se entiende más frecuentemente que la manera de acabar con la pobreza es mediante política redistributiva, por lo cual la política social debería ser financiada mediante aumento de impuestos a los ricos y aportaciones de organizaciones privadas. Se piensa que la política social se debería fundamentar en atender a grupos en “desventaja con necesidades específicas”, por lo cual (posiblemente, es sólo una hipótesis) estigmatizan menos frecuentemente al beneficiario de política social. En otras investigaciones será necesario profundizar el entendimiento sobre esta perspectiva fatalista de la pobreza y el punto de vista de política social redistributiva.

El tipo ideal que nombramos como “estructural” (debido a que encuentran como causas de la pobreza el mal funcionamiento del gobierno y la falta de ayudas a los pobres), es el que culpa más frecuentemente al gobierno de los problemas sociales.  Coherentemente con lo anterior, señalan que para acabar con la pobreza es necesaria mayor eficiencia en el gobierno: menor corrupción, mejores planes, “que trabaje más”. La manera de financiar las políticas sociales es con mayor eficiencia del gobierno: “Que el gobierno no robe”. En esta categoría no parece percibirse predominantemente algún principio que debería definir la política social, por lo menos en términos relativos frente a los otros tipos ideales, pero se estigmatiza menos frecuentemente al beneficiario de política social, de acuerdo con los otros principios ya señalados.

Los tipos ideales sobre representaciones de la pobreza y la justicia social ya revisados (fatalista y estructural) han sido menos analizados en la bibliografía relacionada con este tema.  Según el trabajo ya citado de Israel Banegas (2015:127), la importancia de distinguir entre los factores externos, es decir, entre fatalistas y estructurales proviene de su cercanía o no con un enfoque de derechos como fundamento de su percepción del modelo de justicia social. Con lo que se ha encontrado en este ensayo, concluimos que es necesario una mayor profundización en el análisis del tipo ideal fatalista y estructural, con el fin de encontrar las conexiones entre sus diversas representaciones y su cercanía o no con el enfoque de derechos. Por el momento, parece que ambos coinciden en no estigmatizar al beneficiario de política social, por lo menos no tan frecuentemente como la perspectiva individualista.Ahora, pasemos al análisis de la perspectiva individualista.

El grupo individualista de representaciones sobre la pobreza y el modelo de justicia social se caracteriza por señalar al pobre como culpable de su situación precaria, debido a que no trabajan lo suficiente o tienen ciertas “conductas inadecuadas” o “ineficientes” (con relación a la llamada “cultura de la pobreza” en los estudios académicos de hace casi 50 años[xv]). Además, se estigmatiza al pobre por ser beneficiario de programas de política social, ya que se piensa que estos generan incentivos para “no trabajar” y “mantenerse” de las transferencias del gobierno.

Es interesante como se posiciona este grupo frente a la política social y, en general, el modelo de política social. Por una parte, se piensa que la mejor manera de acabar con la pobreza es por medio de un mayor desarrollo económico en el país: más empleos, más educación y más salud. En este sentido, de haber programas de política social, según esta perspectiva, esta debería regirse por el principio de “premiar a las personas que se esfuerzan” y dichas políticas deberían pagarse con un trabajo más arduo por los pobres. 

Volviendo a la explicación sobre las causas de la pobreza en este tipo ideal de representaciones socioculturales, según esta perspectiva los pobres no invierten adecuadamente en educación y salud, lo que idealmente los llevaría a tener mejores empleos. Esta es justo la perspectiva que se predica desde diferentes instituciones internacional, como se habló al principio de este ensayo. A continuación mostramos un ejemplo, desde un documento de la OCDE:

“La pobreza genera un círculo vicioso en el que las personas no tienen los recursos para mejorar sus niveles de educación y salud, con lo que es probable que continúen en empleos mal pagados en el sector informal [y, por lo tanto, sigan en situación de pobreza]. Asimismo, si una red de seguridad adecuada, aumenta la probabilidad de que las personas recurran a empleos de bajos ingresos (a menudo en el sector informal)” (OCDE, 2007:43)[xvi].

Entonces, pareciera que las personas de este grupo de representaciones “individualistas” comparten la perspectiva de estas instituciones. Pero esta perspectiva no sólo se encuentra en instituciones internacionales, sino también en un conjunto de políticas sociales que parten desde este mismo fundamento, programas que son, en los hechos, más cercanos a los mexicanos. Entre estas política sociales se encuentran las “transferencias monetarias condicionadas” (programas como el Progresa/Oportunidades/Prospera), los cuales buscan erradicar la transmisión intergeneracional de la pobreza mediante transferencias de dinero que deben de ser “invertidas” justo en educación, salud y alimentación. Además, cuentan con “condicionalidades” que buscan obligar a los pobres a que realicen estas inversiones adecuadas o, en caso contrario, se les retire el apoyo (Valencia, 2013). ¿Será que hay apropiación  por parte de los mexicanos, por lo menos los que hemos catalogado como individualistas, de estas narrativas públicas[xvii] latentes en ciertos programas de política social en el país?

5.- Apuntes finales: El individualismo y el modelo de justicia social según los mexicanos.

Son muchos los estudios que hablan de la reproducción de la desigualdad, la desaceleración de la movilidad social ascendente y la reproducción de la pobreza intergeneracional[xviii] en México, a pesar de los muchos años que se han aplicado programas para acabar con la pobreza y políticas sociales focalizadas (Barba, 2013). Todo este cúmulo de investigaciones parece mostrar que la desigualdad de oportunidades y de condiciones en México prevalece, y que una respuesta a los problemas sociales desde una visión individualista no es suficiente para la disminución de la pobreza y la desigualdad. “Que le chinguen más” parece no ser la respuesta correcta para terminar con la pobreza en México.

A su vez, parece que no dan más las políticas para eliminar la pobreza (y su reproducción intergeneracional) basadas en el “enfoque del capital humano” y provenientes de una visión  residual del papel del Estado en su responsabilidad del bienestar de la sociedad. Justo por esto, dichos programas de política social se modifican, ajustan y renuevan (pensemos en el paso de Oportunidades a Prospera), pero sin trasladarse desde su enfoque asistencialista actual a uno basado en el reconocimiento de los derechos sociales.

A pesar de lo anterior, una parte importante  de la sociedad mexicana reproduce esta visión del pobre culpable, individualista, y que, por lo tanto, legitima la política social y la intervención gubernamental enfocada sólo en acciones que “eduquen” y corrijan las estrategias y la “cultura” de los hogares en situación de pobreza.

Es decir, del análisis de la reproducción y apropiación del modelo de justicia individualista por parte de las representaciones y el punto de vista de los mexicanos, se puede encontrar respuesta a la baja exigencia de políticas sociales desde un enfoque de derechos y reconocimiento, capaces de disminuir los altos niveles de pobreza y desigualdad que prevalecen en el país a pesar de los años. De llegarse a modificar esta percepción del modelo de justicia, depende la legitimidad futura de las acciones gubernamentales frente a los mexicanos. ¿Puede esperarse un cambio en la percepción de la pobreza y del modelo de justicia en México? ¿Algún día la población pondrá en duda la legitimidad de los altos niveles históricos de desigualdad y pobreza?

*Estudiante de doctorado en Ciencia Social por El Colegio de México y economista y maestro en ciencias sociales por la Universidad de Guadalajara. Interesado en temas relacionados con desigualdad, política social y pobreza. Twitter: @majm34

Bibliografía:

  • Auyero (2001) “Las políticas de los pobres. Las prácticas clientelistas del peronismo”, Manantial, Buenos Aires.
  • Banegas, I. (2015) “¿Quién es pobre?, ¿por qué es pobre?, y ¿de quién depende solucionar la pobreza?: los mexicanos vistos por sí mismos” en Cordera (coord.) en Percepciones, pobreza, desigualdad. Encuesta Nacional de Pobreza, UNAM, México.
  • Barba, Carlos (2013) “Universalismo e focalizaçao” en A. Ivo (coord.) “Diccionario temático desenvolvimiento e questão social”, Anna Blume, CNPq y FAPESB, São Paolo, Brasília y Salvador.
  • Barba, Carlos (2012) “La construcción visual de la pobreza en el régimen discursivo de los programas sociales en México”. En Corna, Sarah (coord.) Pura Imagen.México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, pp. 21-47.
  • Barba (2007) ¿Reducir la pobreza o construir ciudadanía social para todos? América Latina:
    Regímenes de bienestar en transición al empezar el siglo XXI”, Universidad de Guadalajara, México.
  • Bayón (2015) “La integración excluyente. Experiencias, discursos y representaciones de la pobreza urbana en México”, UNAM, Instituto de Investigaciones Sociales, Bonilla Artigas Editores, México.
  • Bayón (2014) “La construcción del otro y el discurso de la pobreza. Narrativas y experiencias desde la periferia de la ciudad de México”, Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México, Nueva Época, Año LX, núm. 223, enero-abril de 2015, 357-376.
  • Bayón (2013) “Hacia una sociología de la pobreza: la relevancia de las dimensiones culturales”, Estudios Sociológicos, vol. XXXI, núm. 91, enero-abril, 2013, El Colegio de México, Distrito Federal, México: 87-112
  • Bayón y Saraví (2013) “The Cultural Dimensions of Urban Fragmentation. Segregation, Sociability, and Inequality in Mexico City”, Latin American Perspectives, issue 189, vol. 40 no. 2, Marzo 2013, 35-52.
  • Cordera, R. (2015) “Percepciones, pobreza, desigualdad. Encuesta Nacional de Pobreza”, UNAM, México.
  • Cortés y Escobar (2007) “Modelos de acumulación de capital y movilidad social. Un estudio en seis ciudades mexicanas”, en Cortés, Escobar y Solís (coords.), Cambio estructural y movilidad social en México. El Colegio de México, México.
  • Cruces, G., Pérez Truglia, R., & Tetaz, M. (2011). Biased Perceptions of Income Distribution and Evidence from a Survey Experiment. Discussion Paper.
  • Engelhardt, C., & Wagener, A. (2014). Biased Perception of Income Inequality and Redistribution. Working paper.
  • Jaramillo, M. y Saucedo, A. (2016) “’De la Calzada para allá’: Fronteras materiales y simbólicas de desigualdad, segregación y estigmatización en la ciudad de Guadalajara”. Ponencia presentada en el V Congreso Mexicano de Ciencias Sociales, Guadalajara.
  • Lewis, Oscar (1966) “La Vida: A Puerto Rican Family in the Culture of Poverty – San Juan
    and New York”, Random House, New York.
  • López Calva, Luis F.; Rodríguez-Chamussy, Lourdes y Trujillo, Francisco (2004) ““Cada quien habla de la feria…”: Características socioeconómicas de los hogares y percepciones sobre la pobreza y la política social”, Serie: Documentos de Investigación, 16, Secretaría de Desarrollo Social, México.
  • OCDE (2007) “Estudios Económicos de la OCDE: México 2007”, OCDE, México.
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  • Valencia, Enrique (2013) “Transfêrencias monetarias condicionadas (TMC) – America Latina” en A. Ivo (coord.) “Diccionario temático desenvolvimiento e questão social”, Anna Blume, CNPq y FAPESB, São Paolo, Brasília y Salvador.
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[i] El análisis que sigue se basa en datos de la Encuesta Nacional de Pobreza, que es parte del proyecto “Los mexicanos vistos por sí mismos. Los grandes temas nacionales” de la UNAM. El periodo de levantamiento de la encuesta fue de octubre a noviembre de 2014. Es representativa a nivel nacional y regional.

[ii] Los estratos se agruparon según la clasificación propuesta por AMAI (regla AMAI NSE 8×7). Ver: http://nse.amai.org/nseamai2/ y http://www.amai.org/congreso/2011/ponencias/heriberto_lopez.pdf .

[iii] Aquí se hace referencia a la primera respuesta espontánea mencionada por los entrevistados.

[iv] Vale la pena mencionar que en este texto se hace una revisión bibliográfica muy extensa relacionada con la percepción de la pobreza. La clasificación mencionada proviene, como señala el autor del texto, de Feagin (1972).

[v] Las respuestas agrupadas como individualistas son: “Los pobres no se ayudan entre ellos” y “No trabajan lo suficiente”. Las estructurales refieren a: “Ninguna institución les ayuda” y “El gobierno no funciona bien”. Por último, las fatalistas agrupan: “Es la voluntad de Dios”, “En el mundo siempre hay pobres y ricos”, “La sociedad es injusta” y “Han tenido mala suerte”.

[vi] La clase social subjetiva refiere a la representación de las personas sobre la clase social a la que pertenecen. En el caso específico de la encuesta aquí revisada, la pregunta relacionada dice: “¿A qué clase social diría que pertenece usted?”.

[vii] Al final de este ensayo puede encontrarse como anexo el cruce entre las frecuencias de estrato socioeconómico objetivo (con base en AMAI) y clase social subjetiva.

[viii] Pueden encontrarse más datos de este análisis en el siguiente enlace: https://www.academia.edu/24371978/_Que_le_chinguen_m%C3%A1s_Individualismo_y_representaciones_de_pobreza_y_justicia_social

[ix] En este grupo se encuentran las respuestas: “Mejores salarios”, “mejor educación” y “más empleos”.

[x] Aquí se agrupan: “Mejores planes de gobierno”, “acabar con la corrupción” y “que el gobierno trabaje más”.

[xi] Integrada por: “Qué los ricos paguen más impuestos”, “que el gobierno dé apoyos” y “más solidaridad”.

[xii] Esto en contraparte de una “vía indirecta para acabar con la pobreza”, consistente en la percepción de que un gobierno eficiente o mayor desarrollo económico modificará otras variables/factores que a su vez acabarían con la pobreza,

[xiii] Para esta propuesta de clasificación se echa mano de bibliografía como la siguiente: Auyero (2001), Barba (2007, 2012 y 2013), Bayón (2013, 2014 y 2015), Bayón y Saraví (2013), Jaramillo y Saucedo (2016), Saraví (2008) y Soldano (2008).

[xiv] A falta de un análisis multivariado más profundo, nos basamos en el porcentaje de respuestas para la pregunta sobre las “causas de la pobreza”, aunque se reconoce la posibilidad de, por ejemplo, realizar un análisis de conglomerados para estos grupos o tipos ideales.

[xv] Para entender a qué refiere el concepto de “cultura de la pobreza”, refiriendo en particular al término utilizado por Lewis (1970), Bayón (2015:126) explica lo siguiente: “Como resultado de sus investigaciones en México y Puerto Rico, Lewis desarrolló el concepto de “cultura de la pobreza” según el cual, las poblaciones marginadas desarrollan patrones de comportamiento particulares para enfrentar su situación (bajas  aspiraciones, apatía política, indefensión, provincialismo y distanciamiento de los valores de la clase media, etcétera). Desde esta perspectiva, los pobres se orientan hacia el presente y la gratificación instantánea; prefieren la felicidad al trabajo; valoran más las redes familiares que las consideraciones morales sobre lo correcto e incorrecto; tienen relaciones sexuales con múltiples parejas durante el curso de vida, etcétera. Esta “cultura”, o más bien “subcultura” tiende a perpetuarse más allá del cambio en las condiciones estructurales, e impide a los pobres escapar de su situación de desventaja”.

[xvi] Si bien se puede decir que con el paso de los años ha cambiado el discurso latente en los documentos de estas instituciones, por ejemplo dándole mayor peso a la desigualdad en los diferentes países, no es claro que se parta de una perspectiva totalmente diferente sobre el modelo de justicia social.

[xvii] Por el término “narrativas públicas” se entiende: “narrativas públicas son aquellas narrativas ligadas (attached) a las formaciones culturales e institucionales más allá del mismo individuo, a las redes o instituciones intersubjetivas, ya sean, locales o grandes, micro o macro. Ejemplos de esto son las historias sobre la movilidad social de Estados Unidos, el “freeborn Englishman,” el working-class hero, etc. Las narrativas públicas van desde las narrativas de la familia de uno, a las del lugar de trabajo (mitos de organización), la iglesia, el gobierno y la nación” (Sommers, 1994: 31).

[xviii] Ver Cortés y Escobar (2007), Solís (2007) y  Yaschine (2012).